Un relevamiento de hospedajes para personas de la tercera edad revela que 13 de los 26 establecimientos detectados incumplen de alguna manera con las normas legales y sanitarias que regulan la actividad. Algunos no cuentan con habilitación para funcionar. Muchos otros no emplean personal calificado para la atención, o bien, permiten la convivencia de personas discapacitadas con pacientes psiquiátricos.

Da mucha pereza asumirlo, pero en los hechos el mercado es claramente el gran regulador de la vida de las personas. No bastan los espacios en blanco de esta página para citar ejemplos de cómo la ley de oferta y demanda modela el entorno en el que nos movemos. En muchos casos normalizamos la situación a punto tal que ni siquiera la notamos. O, tal vez, no queremos notarlo. Hasta que la motivación de intentar mejorar las cosas nos hace caer en la cuenta –cada tanto– de que ese mercado liberado de controles representa para las personas un riesgo que impacta mucho más allá de lo económico.EL NORTE accedió a los resultados de un relevamiento de las condiciones legales y sanitarias en las que funcionan los geriátricos de San Nicolás. El dato duro es muy revelador: de los 26 detectados, 13 funcionan bajo irregularidades varias, de las graves y de las no tanto. ¿Dónde juega el mercado en este caso? En el mismo lugar de siempre: el que tiene dinero puede acceder al servicio de calidad que presta un geriátrico que cumple con las normas sanitarias y legales. Y el que no tiene recursos, bueno, debe resignarse a lo que su bolsillo puede costear. En ese rango pueden encontrarse establecimientos que funcionan como depósito de personas que conviven con situaciones de riesgos latentes.El informe de situación en San Nicolás fue elaborado por la delegación local del gremio de la Sanidad, focalizado en la necesidad de contar con un registro de condiciones de empleo en cada uno de estos lugares.

De los 26 geriátricos detectados, el 50 por ciento incumple normas legales y/o sanitarias consideradas graves. Algunos no tienen habilitación, otros carecen de un lugar adecuado para la prestación de este servicio. Y la enorme mayoría tienen a cargo del cuidado de las personas a empleados sin conocimiento alguno en temas de enfermería. Aquí también interviene la mano visible del mercado: los empleados sin conocimientos ni capacitación son mucho más baratos que los enfermeros que han sido formados para brindar atención de calidad. Incluso, a los primeros ni siquiera hace falta registrarlos debidamente. Entiéndase la ironía.

El ejemplo porteño

El escenario irregular se vuelve grave en tiempos de pandemia de coronavirus, donde el cuidado de las personas consideradas «de riesgo» exige todavía más profesionalismo. Basta encender la TV para darse cuenta de lo que está ocurriendo en relación con los masivos contagios y muertes ocurridos en geriátricos de Capital Federal, incluso en los que cumplen con las normas establecidas.Imaginemos ese contexto general en establecimientos donde varias personas conviven en pocos metros cuadrados, algunos con patologías físicas y otros con enfermedades psiquiátricas. Todos juntos, en el mismo lodo.Ancianos al cuidado de personal sin conocimientos, que perciben salarios indignos y sin estar registrados debidamente. Ese es parte del panorama que revela el informe en cuestión. Y no es nuevo.En rigor, ATSA San Nicolás viene denunciando estas irregularidades desde hace ya muchos años.“Sabemos que en San Nicolás son muy pocos los geriátricos que están debidamente habilitados. Es por eso que instrumentamos un esquema de recorrida para verificar en qué condiciones sanitarias se encuentran los lugares de asilo. Es fundamental monitorear que las enfermeras dispongan de los insumos médicos y de protección necesarios para dar atención segura a los abuelos, tal como lo hacemos en las clínicas”, advertía Mónica Chungo, secretaria general de ATSA San Nicolás, en una nota que este diario publicara el 29 de marzo pasado, diez días después de instrumentarse el aislamiento social, preventivo y obligatorio.

Cuidados especiales

“Estamos preocupados porque sabemos de lugares donde los abuelos no están bien atendidos. No reciben la alimentación adecuada ni tampoco la medicación que corresponde. Y en la mayoría de los geriátricos, fundamentalmente aquellos que no están habilitados, el personal a cargo no es ni siquiera auxiliar de enfermería ni de gerontología. Por consiguiente no saben cómo tratar a un abuelo, cómo medicarlo, cómo movilizarlo. Esto genera un riesgo muy grande de contraer cualquier tipo de virus en una población etaria vulnerable”, alertaba Chungo.“Hay lugares donde se pueden encontrar dos o tres geriátricos en una misma manzana. Tienen a los abuelos encerrados en una habitación, sin salida al patio y sin los cuidados que se requieren. Los familiares deben tomar conciencia de que esto es indigno para el abuelo. Pero también que pueden estar a cargo de personas que no conocen ni saben cómo se debe brindar atención segura”, advertía Chungo.San Nicolás no registra nuevos casos de coronavirus positivo desde el 10 de abril. Los cinco casos registrados hasta el momento fueron importados, es decir, no comunitarios. Lo del médico sampedrino puede considerarse importado, aunque ello no modifica la situación de riesgo que supone el contacto que este profesional pudiera haber tenido con personas de nuestra ciudad.En San Nicolás la situación está controlada. Al menos eso indica la estadística de contagios. Pero podría cambiar de un momento a otro si atendemos lo que está ocurriendo en muchas partes del mundo.Como sea, la pandemia de COVID-19 no debe ser un recordatorio del escenario irregular al que están sometidas las personas de edad avanzada que no pueden estar al cuidado familiar.Es de perogrullo, pero vale decirlo: las personas de la tercera edad necesitan y merecen estar bien cuidados, con pandemia o sin ella.