EL ALEPH Y LOS ABSURDOS DE LA VIDA COTIDIANA

En el multiverso de informaciones encontradas que detentan las redes sociales, se destaca la particular intervención ciudadana vertida en los famosos comentarios, que disparan desde atroces faltas ortográficas hasta concienzudos y prolongados análisis. El odio y el amor son el motor de las opiniones de seres que necesitan pertenecer a este absurdo sistema, sin finalidad más que matar el ocio.

Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

Borges, genio escritor y gran flashero, en su cuento el Aleph describía algo así como que había un punto recóndito en un ángulo imposible dentro de una casa en el que se podía ver todo el universo, desde todas sus dimensiones y tiempos, una cosa tan loca como captar la parábola que desafió las leyes de la gravedad por el cual no fue gol de River contra Boca en la última jugada del partido (algunos hablan de la mano de Diego llegando directamente desde el cielo) hasta la infidelidad menos pensada, el momento en que se escribían los jeroglíficos de las pirámides y la última vez que Julio Cesar se sentó en una letrina a defecar antes que lo apuñalaran en el senado, y todo lo que se les pudiera ocurrir.
Hoy lo más parecido al Aleph son las redes sociales que desde un minúsculo artilugio nos permiten navegar por todo lo que la humanidad vaya produciendo. Pero a diferencia de la obra de don Jorge Luis en el Aleph, también nos muestra pensamientos, comentarios y multiplica las realidades. Dicen que no hay mentiras sino falsas verdades y sin volver al querido discurso de que no hay verdades sino interpretaciones, así como dudamos de lo que es verdadero, también deberemos hacerlo de lo que es falso. ¿Se entiende? Ni ahí. En fin ¿Adónde quiero llegar con todo este quilombo? Ni más ni menos que a los tan ponderados y eternos comentarios de los que hacemos galas los usuarios tan sueltos de cuerpo en las redes sociales llamémoslas, Twitter, Facebook e Instagram, aunque hay muchas más.
¿Qué es esa poderosa necesidad de opinar de todo y generalmente en tono confrontativo? ¿Qué se produce en el interior de nuestras conciencias que nos transforman de un vecino amable, apacible y colaborativo, en un cara de verga que le saca el cuero a todo el mundo y se muestra muy filósofo para denostar vidas impropias?

Teorías
La más básica y ponderada de todas la teorías es aquella que habla de nuestro drama existencial, de nuestra falta de entidad en un mundo que no advierte nuestra presencia, de esa falta de reconocimiento que nos impide existir. Comentar sobre artículos escritos por un tercero y denostarlos o pontificarlos o simplemente caer en la burla son muestras desesperadas de ser, de que los lectores nos reconozcan y que aunque sea en ese mundo digital tener una presencia que nos dé entidad. Desde la grosería o el comentario concienzudo y preparado pero que invita al debate, se busca mostrar ciertos rasgos que generalmente no coinciden con la vida terrenal de aquel que los emite. Probablemente un jubilado que se rasca la chota todo el día, hace una observación metódica que le da un aleteo más antes de partir al infinito.
Otra teoría habla de los sin vida que entienden las redes sociales como una realidad paralela en la que pueden tomar cierta notoriedad que no logran en el mundo real (¿Qué es el mundo real?). Generalmente se ve en aquellos comentarios cargados de violencia y burla, en los que se muestra un cierto tono de sagacidad picaresca con fines destructivos a la publicación original. Burlarse del creador del artículo desde el anonimato, sabiendo que el receptor si es conocido, es entablar una batalla sin recibir golpes. En la mayoría de los casos estos comentarios van cargados de prejuicios y estereotipos retrógrados que juegan a machismos extremos, cuasi invitando a la violencia que pulula de forma masiva en las redes. Desde la psicología, que la tienen clara hasta ahí nomás, manifiestan que hay muchos motivos que pueden llevar a una persona a criticar constantemente a los demás, pero varios de ellos son especialmente frecuentes. El principal de ellos es que juzgar a otro de un modo superficial es una manera fácil y sencilla de sentirse superior a alguien y, por comparación, sentirse mejor con uno mismo. Cuando una de estas personas formula un pensamiento dirigido a hundir a otra persona (ya sea pronunciándolo en voz alta o guardándoselo para sí), en realidad está tratando de evadirse temporalmente de la ruina que es su propia autoestima.

Ser
Y después está la teoría sana de aquel que comenta apoyando un pedido o aplaudiendo una nota. Son aquellos positivistas de la vida que quieren colaborar con la causa o se sienten tocados por el tema y nada mejor que expresar una emoción a través de un emoticón, que la mayoría de las veces es más factible que arriesgarse a hacer una carta. Un hecho de violencia extrema con varios muertos que se publica en las redes sociales, es acompañado generalmente por caritas tristes, y por ahí cuando surge una buena noticia, del tipo un perro salvo a tres hermanitos de ser comidos por un león, llueven los aplausos y las caritas felices.
Podemos llegar a pensar que la vida es eso, una serie de emoticones y realidades alternativas que buscan escapar del presente incierto que la mayoría viven o no aceptan habitar.
Hacer comentarios es una forma distinta de vivir en la Matrix, mientras que en la vida real estamos encapsulados en trabajos rutinarios y el tiempo que inexorablemente nos pasa.