CECILIA CATALÍN, LA CHICA DE LOS OLORES

Artista olfativa y diseñadora nicoleña. Cecilia Catalín, actual asistente de estudio de Marta Minujin, se autodefine como: soy artista olfativa. “Yo voy detrás de la obra. He hecho cursos de performance, cine, y siempre estoy yendo detrás de la obra. A mí me costó ser artista. Hasta que vi que tenía una producción de obras que eran validadas por instituciones de arte, me costó. Pero creo que uno es artista siempre y no solo desde que se asume”, cuenta.

Por Carmen Padilla
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

Cuadros odoríferos, instalaciones, performances y esencias que ella misma destila en laboratorio, son su arte. La capacidad humana de guardar un aroma, en el cerebro y las posibilidades evocativas del recuerdo, son su modo de activación. Y la conjunción de los elementos, no son más que química oliendo a poesía.

Anatomía

Los perfumes dentro de su inmaterialidad presentan una anatomía. Poseen cabeza que corresponde a las notas que primero se huelen, luego el cuerpo que es esencialmente lo que define el carácter de la fragancia y finalmente, el corazón que es la base persistente del aroma. Del mismo modo la entrevista a Catalín se expresa en tiempos y partes.

De cabeza

Me encuentro con Cecilia y la veo en un espacio blanco, ordenado e inodoro (vía zoom, lo es) Ella transmite una imagen tan pulida y prolija como su camisa. Su cabello es domesticado por un peinado recogido que deja ver claramente sus lentes, y entiendo que estoy delante de una artista con disciplina y con un sistema maduro incorporado. Se muestra amable y el tono de su voz se compara con el olor a tierra mojada. Claro, persistente; y sin llegar a ser invasivo: me habla.

Los perfumes dentro de su inmaterialidad presentan una anatomía. Poseen cabeza que corresponde a las notas que primero se huelen, luego el cuerpo que es esencialmente lo que define el carácter de la fragancia y finalmente, el corazón que es la base persistente del aroma.

Por cuerpo

CP: Cecilia, se te define como artista multimedial. ¿Te representa?
CC: Me gusta decir que soy artista olfativa: yo voy detrás de la obra. He hecho cursos de performance, cine, y siempre estoy yendo detrás de la obra. No me gusta mucho etiquetar. A cada vez que tengo que presentar mi statement (declaración de obra en proyecto de un artista) me planteo cosas. (Risas) A mí me costó ser artista. Hasta que vi que tenía una producción de obras que eran validadas por instituciones de arte, me costó. Pero creo que uno es artista siempre y no solo desde que se asume.
CP: ¿Cómo es trabajar en pandemia?
CC: Y… Se puede seguir oliendo, solo hay que hacer un esfuerzo. Hacer el ejercicio de imaginar ¿Cómo sería ese olor? Aunque ahora en pandemia todo huele a emoji!! (Risas) Aproveché para recabar testimonios de personas que perdieron el olfato y con eso también estoy trabajando.
CP: ¿Cómo es moverse en el arte visual, desde uno de los campos paravisuales?
CC: Para mí el olfato es lo que te permite ver si el objeto tiene vida (usa el verbo ver y me parece que subraya lo que dice) Por eso creo que lo que no huele, es casi una ficción. El olor te advierte sobre el estado de las cosas, los peligros.(…)  Al principio yo quería que las personas huelan! (ríe) Ahora busco que conecten con los discursos que tienen los olores. Hay como una cosa moral, fuerte en eso. Y con la pandemia creo que todo pasa por las sensaciones incontrolables. El arte está mutando del concepto, a la conexión con la sensación.
CP: Y es ahí donde entra tu obra! ¿Cómo presentas tus proyectos? Contar sobre olores es complejo. Y ¿Cómo te tratan los curadores? (risas)
CC: Yo con el proyecto, al principio, enviaba los frascos. Ahora lo que hago es hacer buenas fotos y escribir. ¡Son artes visuales! Y medio que me relajé. Y los curadores, si, por ahí se quejan un poco. (Risas)
CC: ¿Viste Perfume: la historia de un asesino – T. Tyker (2006)?
Bueno justo iba a eso. Lo tenía en la punta de la nariz! A Grenouille
protagonista del film y prodigio en identificar olores) le cuesta hablar. Todo lo que tenga que ver con el lenguaje abstracto, lo bueno o malo, el uso de conectores. Eso le cuesta mucho, claramente porque el lenguaje está construido sobre los conceptos que la sociedad crea. Y la verbalización del olor, es tema. No hay vocabulario y se hace referencia a la música, notas altas, bajas. Desde mi obra apunto a la conexión más allá de lo que yo quiera decir. ¡Experimentemos!

Solo puedo pensar en Cecilia como se piensa en Baudelaire, o en Pizarnik, secuestrados por sus propias historias de vida-obra, pero en una clave químicamente distinta.

El corazón

Siguiendo los efluvios de la entrevista, de pronto ¡Tuve una revelación! A la imagen pulida de la obra, al despojo formal de los cuadros de Cecilia, se contrapone la insurrección plena del capricho de un aroma. La obra de Catalín es irreverente y sublevada. No responde a los límites arquitectónicos de una sala, ni conceptuales de discurso, solo respeta las leyes de difusión física y siento que en realidad estoy frente a una especie de rockstar, que se traviste de “niña bien portada”.
Parece escuchar lo que pienso y me dice: Hay una idea muy romántica del artista bohemio que se droga y vive de fiesta. Yo no podría ser caótica. ¡No sé cómo sería! ¡Los frascos tirados por todos lados! (risas) Ya los olores son caóticos. No los podes agarrar, no sabes cómo nombrarlos ¡Son inconmensurables! Llegué a intoxicarme con mis piezas, por no tener cuidado. ¡La materia es fuerte! (dijo)
Y solo puedo pensar en Cecilia como se piensa en Baudelaire, o en Pizarnik, secuestrados por sus propias historias de vida-obra, pero en una clave químicamente distinta!
El corazón de esta nota, será un aroma imaginado por mí y por ustedes. Mientras hojean este diario, de la tinta, el papel y la obra de Catalín, lo que perdura es una base noble de trabajo, que huele a evocaciones personales, y colectivas; proponiendo una visita profunda al subconsciente.
Catalín es rock, sólo que huele a limpio y tierra mojada a la vez. O eso, es lo que me hizo imaginar.