La misteriosa isla de Montecristo existe


La famosa isla de Montecristo que aparece en la novela de Alejandro Dumas, "El conde de Montecristo", es un islote de 10,4 km² perteneciente al archipiélago Toscano, Italia, al sur de la también famosa isla de Elba en la que se exilió Napoleón. Forma parte del parque nacional del Archipiélago Toscano declarado reserva natural debido su biodiversidad única.

La isla está deshabitada, solo el guardia y su familia pueden vivir allí, rigurosamente seleccionado y con un contrato que dura diez años. No hay construcciones, solo las ruinas del monasterio San Mamiliano realizado por monjes benedictinos en el siglo XIII, y abandonado en 1553, después de que el famoso pirata Barbarroja y su sucesor Dragut se apoderaran del monasterio tomándolo como base de operaciones, de ahí la leyenda sobre un tesoro escondido en la isla.
Y antes del monasterio los monjes crearon una capilla en una cueva, la de San Mamiliano, donde cuentan que el santo se refugió de sus enemigos. A lo largo de las laderas del Monte della Fortezza hay una cueva que se dice haber sido la morada del ermitaño santo. También se puede ver una antigua villa del siglo XVIII.
La isla está tan protegida que solo se aceptan visitantes, desde 2008, dos veces al año, entre el 1 de agosto y el 15 de agosto y luego entre el 31 de agosto y el 31 de octubre. Aunque es necesario tener un permiso especial para ir.
El acceso se realiza por barco, y los recorridos para los turistas son de seis horas que permiten caminar a través de los tres senderos alrededor de la isla, siempre acompañados por los guardias forestales, y ver el museo natural en la cala Maestra, la principal playa de la isla. Solo se concede acceso a mil personas por año, y la preferencia se destina a equipos científicos o escolares.
Los que consiguen ir se encuentran con un paraíso natural en el que se ha preservado la vida de especies que desaparecieron de otras zonas del Mediterráneo, como los brezos gigantes, robles, serpientes y las cabras autóctonas, el sapillo pintojo de Cerdeña, además de ser refugio para aves como el halcón peregrino y el águila de Bonelli.