Carta abierta del “Virreinato Sudaca Argentino” a vuestra excelentísima majestad Lagarde de la Sagrada Corona del FMI


En el año 2018 de nuestro “commodity” señor, los subordinados de las tierras del sur, cuasi expulsados de la fe al capital, gimotean con gran tribulación ante la aparente e injustificada desconfianza de los lores del FMI sobre la puntillosas tareas de ajuste llevadas a cabo por el virrey Mauricio, leal súbdito del empresariado dominante, a quien los vasallos de estas sucias planicies le desean mil años de prosperidad imperial.


Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

Hoy, en el tercer año del vasallaje del virreinato sudaca argentino, otrora gran Virreinato del Río de la Plata, perdido en el pasado a manos aborígenes por salvajes inadaptados que luego de 200 años de retraso a las mieles del capitalismo entregaron su sangre a vuestra voluntad, os ruego a su ilustre majestad Lagarde tened el beneplácito de atender esta misiva enviada por vuestros leales súbditos, que al pie de la letra han seguido vuestras duras, inflexibles, crueles y desmoralizantes indicaciones, pero que, como al igual que un padre justo, severo y golpeador, servirán para bien del Imperio.

Al grano
Sus súbditos lacayos que darían estas miserables vidas contaminadas de tortas fritas y choripanes, tan solo por una sonrisa de vuestra merced, es que se sienten un poco confundidos ante la llegada de este nuevo virrey a nuestras tierras, teniendo en consideración que con el Dr. Mauricio bastaba y sobraba. Acá hemos festejado con grandes loas la instalación de una oficina de vuestra majestad el FMI en el Banco Central, pero nos ha resultado a la vista cuasi chocante que habéis enviado a un corregidor, el jamaiquino Alleyne, un hombre de color, justamente.
Por favor, no queremos que malinterpretéis nuestro reclamo que nada tiene que ver con el tono cobrizo de la piel del moreno ilustrado que, con gran pompa, quiere llegar a nuestras puertas, ni siquiera tomamos a mal que no sea oriundo de las grandes capitales del reino, como Roma, Londres o Washington, solo que esperábamos que confiarais un poco más en nuestro desempeño.

Cambiando
Desde que estas inmundas tierras volvieron a estar en la mirada de vuestra Majestad, no hemos hecho más que celebrar con grandes albaricas este bello retorno coagulado en los noventa y que luego de una breve separación, hoy llega a salvarnos de nuestra ineptitud.
Cuando habéis hecho mención de que los salarios en este atrasado país eran de los más altos en Latinoamérica, nos hemos abocado a devaluar de forma onerosa y con una inflación que se ajustó a las necesidades de los grandes mercaderes de vuestra Majestad. Hemos logrado equilibrar los ingresos de nuestra simpática fauna con los de cualquier súbdito inferior de esta zona plagada de mediocridad y creado un bolsón de desempleo que impedirá cualquier demanda laboral. No obstante, a todo esto hemos seguido desgastando esta moneda absurda que hace honor a próceres de pacotilla y la transformamos en lindos animalitos, que harán la gracia de vuestra merced y que valen menos que el papel con el que os escribo esta misiva.
También hemos atendido los pedidos de su Excelencia con respecto a las forma de empleo y hemos contaminado de productos baratos de vuestras factorías que han hecho estragos en las paupérrimas industrias, otrora nacional, obligando también a una baja salarial que es más apropiada para estos insignificantes seres. Observará con beneplácito que no los menciono como ciudadanos porque, al igual que en la época de la Grecia clásica, que sentó las bases de la cultura occidental, el término ciudadano debe ser para aquellos hombres y mujeres de bien que se integran de forma productiva al reino y no para cualquier negro cabeza chupador de mandarinas.

El mito de la igualdad
Alguna vez hemos recibido vuestros reclamos de que era inadmisible que el “homo sapiens” ordinario tuviera tan fácil acceso a automóviles, telefonía celular moderna y vacaciones. Que en Europa veían con mucho desagrado a esa masa rústica y grasienta paseando por lugares a los que solo deberían acceder para ocuparse de su limpieza. Hemos puesto todo nuestro empeño en revertir esa aberración a la naturaleza donde un trabajador ordinario se empezaba a sentir que era igual a un profesional o a un aristócrata.
Debemos decir también que la culpa es de las redes sociales, que han hecho creer a la gente que todas las personas son iguales, que no hay diferencias entre un rico y un pobre, lo que es la mentira peor orquestada desde la parafernalia mediática con la que se manipula a las brutas masas.
Sin más y a vuestras totales órdenes, deseándoles una buena venturanza y que la riqueza de vuestras empresas se multiplique a niveles bíblicos, os saludan atentamente sus leales súbditos del culo del mundo.