Razones para enamorarse de La Habana 


Para conocer La Habana, hay que caminar y caminar. Más allá de lo que indiquen los mapas, lo ideal es tener tiempo y paciencia para perderse entre las calles del centro histórico, olvidarse de prejuicios y dejarse llevar.



De cara al 2019, cuando se celebren 500 años del día en que colonizadores españoles fundaron San Cristóbal de La Habana (16 de noviembre de 1517), la emblemática capital de Cuba, que superó embates de piratas, corsarios y le dio batalla hasta huracanes, tiene a cada paso una joya para descubrir. El centro histórico, donde plazas, iglesias, palacios y los estrechos callejones adoquinados resistieron cinco siglos, es un pequeño barrio de 242 manzanas y más de 3 mil edificios señoriales. Muchos de ellos, en etapa de recuperación arquitectónica. Cuba batió récords de llegada de viajeros foráneos en 2016 y 2017, cuando arribaron a la isla caribeña 4,5 y más de 4,6 millones de turistas, respectivamente. Para este año esperaba superar los 5 millones, algo que finalmente no sucederá. Este auge turístico coincidió con el “deshielo” en las relaciones entre el Gobierno caribeño y Estados Unidos, un acercamiento solidificado en julio de 2015 con el restablecimiento oficial de nexos diplomáticos. Pero en aquella época estaba Barack Obama, mientras que hoy todo vínculo quedó más lejos bajo el mando de Donald Trump. El actual presidente norteamericano revirtió algunas de las medidas aprobadas por su antecesor para flexibilizar el embargo, entre ellas el levantamiento de la prohibición a los viajes individuales en la categoría “pueblo a pueblo”, limitados nuevamente por la actual administración.
Pese a ello, desde hace unos años Cuba revivió, y La Habana es el corazón que late en esa isla. Paseando por estas calles se encuentran lugares e historias increíbles, como el Callejón de los Peluqueros, bohemio y con mucho encanto. Cuando entres por este Callejón encontrarás una puerta, siempre abierta, para llegar al Museo de los Peluqueros donde verás curiosos y antaños objetos de este oficio. Si te aventureras a llevarte un cambio de look, podés pasar por un bello salón donde antiguos relojes, cajas registradoras y viejos sillones de barberías, forman parte del decorado del salón. Otra local que todos los viajeros suelen fotografiar es la farmacia Taquechel, una antigua botica en la calle Obispo, restaurada en 1996. Museo farmacéutico y farmacia, se especializa en medicamentos homeopáticos.
También es muy visitada la Casa de la Obra Pía, una antigua mansión noble española en la calle Mercaderes, convertida en museo y proyecto comu­nitario donde se venden tejidos elaborados por trabajadores de una cooperativa. Y siempre ligado a la producción local, otro sitio que atrae a los viajeros entre las coloridas calles, es la Fábrica de tabaco, la tradicional empresa de puros Partagás ofrece una visita guiada que permite adentrarse en todo el proceso de elaboración, desde el secado de las hojas hasta que llega a las manos de su cliente. Fundada en 1845, es una experiencia imperdible.

Entre clásicos
Dependerá del tiempo que tengas en La Habana, para saber bien qué itinerario debes hacer. Pero como en toda capital, los sitios clásicos o más visitados van a estar en agenda. Uno de ellos es la famosa Plaza Vieja, con orden de creación emitida hacia 1559. Rodeada de edificios coloridos, cervecerías y restaurantes, tiene en su centro una fuente que constituye una réplica en mármol de Carrara de la que antaño suministraba agua a los vecinos que utilizaban ese lugar para refrescarse en la época de calor, intercambiaban sobre las noticias más recientes o practicaban operaciones comerciales. También en un pasado, fue un lugar donde se vendían esclavos. A dos cuadras de allí, se levanta otra de las plazas principales en las que se erigió la ciudad fundada en 1519 por el conquistador español Diego Velázquez de Cuéllar. Esta se llama San Francisco de Asís y se encuentra frente a la antigua iglesia de San Cristóbal, hoy lugar que funciona como conservatorio de música clásica. Creada hacia 1628 por acuerdo del Cabildo para que sirviera como punto de abastecimiento de agua a las flotas, por su cercanía al puerto de La Habana, su función fue principalmente comercial.
Otra de las plazas que no pueden dejar de visitarse es la de Armas, lugar donde se fundó La Habana, Por su ubicación, cercana a la bahía, a la vitalidad de la calle Obispo, con bares y pequeños restaurantes, y al silencio de esa otra parte menos transitada de la ciudad, muchos turistas lo utilizan como punto de partida. En sus inicios, al estar asociada a los terrenos del Castillo de la Fuerza, tuvo una función predominantemente militar. Sin embargo, a finales del siglo VIII pasó a tener peso por su jerarquía administrativa con la construcción de los palacios de los Capitanes Generales.
Una curiosidad frente a este hermoso edificio de arquitectura barroca es la calle Tacón de adoquines de madera. Cuanta la leyenda que Miguel Tacón y Rosique, máxima autoridad de la Isla durante el dominio colonial español, los mandó a poner para que no lo despertasen, a él y a su mujer, los coches de caballos que pasaban durante la hora de la siesta. También es imperdible la Plaza de la Catedral, que está rodeada por edificios icónicos de la arquitectura colonial, como la Catedral, una de las más sobrias iglesias del barroco americano de 1748 y por la que pasó el Papa Juan Pablo II en su histórica visita a Cuba en 1998. Se puede subir al campanario y desde allí tomar hermosas fotos. También se destacan en esta zona de restaurantes, la Casa del Márquez de Arcos o Palacio de los Condes de Casa Bayona, que alberga el Museo de Arte Colonial.
Finalmente, aunque menos conocida y visitada, está la Plaza del Cristo. En cuestión de pocos años, la antaño ignorada “quinta plaza” de La Habana Vieja se ha convertido en el lugar más candente, gracias a sus innovado­res bares y tiendas y conciertos ocasionales. Aun así, al estar algo apartada del centro histórico no se ha beneficiado aún de una reforma exhaustiva, lo que también, a cambio, forma parte de su encanto.

Política y revolución
Fue en noviembre de 2016 cuando Fidel castro, el histórico líder de la isla, falleció. Ya el poder estaba en manos de su hermano, Raúl. Pero desde abril de este año quien comanda el país es Miguel Diáz-Canel, quien mantiene una relación fría y distante con Estados Unidos. Sin embargo, Cuba inició recientemente un proceso de consulta nacional del proyecto de reforma constitucional que será sometido a referendo en febrero de 2019. Los temas que se van a discutir: reconocimiento de la propiedad privada, eliminación de las alusiones al comunismo, creación de un primer ministro, redefinición del matrimonio como la unión entre dos personas (lo que abre las puertas a una eventual legalización del matrimonio homosexual), e inversión extranjera. El sistema político, sin embargo, no va a cambiar. Y si de signos relacionados con la política se trata, a un par de cuadras de la Plaza de Armas y por la famosa calle Obispo (repleta de galerías de arte, tiendas, bares musicales y gente) se llega hasta el Capitolio Nacional que, curiosamente, tiene muchas similitudes con el de Washington, aunque es un metro más alto y más ancho. El edificio, que fue inaugurado en 1929 con el objetivo de ser la sede de las dos cámaras del Congreso de Cuba, terminó de ser restaurado hace poco tiempo, y recuperó el esplendor perdido tras la llegada de la revolución, que en 1959 decidió disolverlo. En el interior de la construcción se destaca una escalera de granito con 16 metros de ancho y 55 pasos que desemboca en la Portada Principal, que está escoltada por dos esculturas en bronce del artista italiano Angelo Zanelli. La de la izquierda simboliza el trabajo, y la de la derecha, la virtud tutelar del pueblo.
El Salón de los Pasos Perdidos, de 120 metros de largo, la cúpula y una escultura que representa La República y que mide 15 metros de alto, son otros de los atractivos de este edificio. De allí, se puede caminar unos 500 metros hasta el Memorial Granma, la plaza contigua al Museo de la Revolución, donde hay diversos objetos relacionados con la revolución cubana: aviones, un tanque utilizado en la bahía de Cochinos y el yate Granma, entre otros. El Museo, en tanto, fue el antiguo Palacio Presidencial, que permaneció ocupado entre 1920 y 1960, y que en la actualidad cuenta con fotos, documentos, armas y objetos que exaltan la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. Alejado del casco histórico pero relacionado con la vida política local está la mítica Plaza de la Revolución, una de las más grandes del mundo, en donde reúne al pueblo en marchas multitudinarias todos los 1º de mayo y donde se rinde homenaje entre otros a Fidel. La explanada se encuentra rodeada por la sede del Ministerio del Interior que muestra en su fachada una imagen del Che Guevara.
Otro de las edificaciones cercanas es el Ministerio de Informática y Comunicaciones que exhibe la imagen del héroe de la revolución, Camilo Cienfuegos. Ambas son fotos clásicas para los turistas. También se puede visitar el monumento José Martí, el punto más alto de la ciudad, y un museo. Los sabores de la Isla Fue Ernesto Guevara, quien dijo alguna vez que la nostalgia empieza siempre por la comida. Y vaya si tenía razón. La mayoría de los platos cubanos se componen de pollo frito o carne de cerdo acompañada de arroz y frijoles. Pero también la bebida es un punto cúlmine en un viaje a este país. Una de las grandes experiencias es comer al paladar, sitios que pertenecen a casas de familias y que se dedican a la cocina local. En la mayoría se puede degustar la gastronomía típica cubana, fruto de la fusión de la cocina española, africana y caribeña, acompañado de la gaseosa local: TuKola. A pocos metros de la Catedral y sobre la calle Empedrado está La Bodeguita del Medio, donde Ernest Hemingway dijo que hacían los mejores mojitos, el típico trago que combina ron, azúcar, lima, menta o hierba buena y soda. Aunque si queremos seguir la ruta del escritor estadounidense debemos pasar por El Floridita, donde tomaba sus daikiris. Mención especial merece el Sloppy Joes, uno de los bares más famosos del mundo, fundado en 1918, e identificado como usual refugio de turistas y estrellas del cine hollywodense, en plena coincidencia con la Ley Seca norteamericana. Otro sitio muy elegido es La Guarida, el restaurante privado más legendario de La Habana, que se hizo famoso, además de por su excelente cocina, por ser uno de los escenarios principales de la película “Fresa y Chocolate“, la primera en la historia de Cuba en ser nominada a los Oscar. Muy cercano a éste, se halla el restaurante San Cristóbal, que unido a una arquitectura interior y una inigualable ambientación, imprime elegancia y creatividad a cada elaboración.

FUENTE: DIB.