El parrillero, Mauricio, la protesta y el FMI


Nada asegura que el resultado de lo que planificamos sea el esperado, de hecho puede ser todo lo contrario, un auténtico tiro por la culata. A veces las acciones más directas terminan siendo funcionales al rival, que si sabe manipular las circunstancias, puede tranquilamente esbozar otra verdad y hacerla propia. Como bien decía Nietzsche la verdad es la mentira más eficiente.


Germán Rodríguez
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Mauricio escuchó el vals y sus pies se inquietaron, el ritmo vibraba en todo su ser y sus venas se hinchaban a punto de estallar. Soy música se dijo en sus adentros, soy ritmo y sustancia. La fiesta protocolar en Washington era su panaceas, allí estaba, seduciéndolo de la otra punta del salón la exótica Christine Lagarde con una billetera en blanco lista para reventar. Pero la música, como un virus hipnótico se apoderaba de nuestro mandamás que no pudo con su genio y ante los admirados y sorprendidos aplausos de los etiquetados presentes comenzó a danzar. Estaba en su máximo apogeo, en la capital del mundo sintiéndose uno de ellos, luciéndose en sus dotes de audaz y avezado bailarín, amagando un enganche cuartetero para transformarlo en un tango feroz mientras tomaba de la cintura a la seductora Lagarde que sonreían ante las desvergonzada actitud del presi. Mauricio jugó sus cartas de bailantero y ante la atónita mirada de los apelmazados y paquetes yanquis le hizo dar una vueltita a su compañera de baile mientras se contorsionaba como Michael Jackson en el video de Thriller. La mujer sonrió de costado, levantó una ceja de forma particular y tomó fuertemente del brazo a nuestro Mauricio, que se vio sorprendido de esa acción, para luego meterle una amplia y escandalosa mano en el culo. El presidente se sonrojo y Lagarde apretó el cachete pomposo con fuerzas “Acostumbrate” le dijo mientras el resto aplaudía.

Desde acá
Mientras Mauricio se lucia en Estados Unidos y le pedía al pueblo que ame al FMI, el país estaba en llamas con un nuevo paro nacional, que agrupó a muchas fuerzas pero que al otro día pareciera morir sin fuerza en el olvido. Los cortes se sucedieron en toda la República y en nuestra ciudad tampoco se hicieron desear, justamente en un día muy particular para nuestra ciudadanía, prácticamente el más importante del año, justo el 25 de septiembre, cuando San Nicolás vuelve a situarse en el mapa y miles de peregrinos vienen a rendir tributo a la Virgen. Justo ese día se pudrió todo. Pero bueno, no era elección de acá, pero si nos afectaba porque la desocupación en la región es alarmante y va en ascenso. Todo podría haber quedado en las estadísticas de números, marchantes y parantes sino fuera por una foto, una imagen, que también se centró en nuestra ciudad y cambio de lleno los resultados de la lucha.

¿Porqué peleamos?
¿Cuál es la finalidad de la protesta? es protestar por supuesto y exteriorizar al resto que las cosas están mal, que no todos llegan a fin de mes, que la desocupación es un cáncer que se come a las familias y nos les permite recuperarse jamás, que acá no hay ninguna maravilla digna de admiración ni mucho menos, que nuestra región va perdiendo empleos de forma obscena y que cada despido simboliza una familia mas en la calle, con mucha más hambre y miseria en el global. Ahora, una protesta debe ser ante todo inteligente, porque el reclamo no es contra el pueblo, no es contra los otros pobres, sino contra quienes nos mal gobiernan. ¿Pero cómo hacerlo si nadie lo ve? San Nicolás quedo nuevamente en el tapete de la información con el video que se viralizó en todo el país del propietario de una parrilla pidiéndole a los protestantes que se vayan de la rotonda, que no prendan cubiertas, que le permitan trabajar. El desgarrador pedido del trabajador fue funcional para un gobierno cuya imagen cae estruendosamente y aprovechado por todos aquellos que aun bancan este modelo excluyente. Esa pelea de pobres les dio un golpe de nocaut a los luchadores sociales que rápidamente fueron estigmatizados y despreciados por una sociedad compradora de videos de whatsapp y debates de panelistas. La protesta vale, claro que sí, pero si no se hace bien puede terminar siendo funcional para aquellos que están del otro lado. Un verdadero tiro por la culata como quien dice.

Epilogo decepcionante
La trampa que transformó la verdad fue el dialogo del presidente con el pobre parrillero. Mauricio, asesorado por Duran Barba, con la hipocresía de quien solo ve números y encuestas llamó a nuestro gastronómico para acompañarlo en su lucha contra los “negros”, y lamentablemente nuestro cascoteado antihéroe, lejos de decirle que esa protesta es culpa de él, que las medidas económicas que toma nos están matando, le agradeció el gesto y lo alentó para que siga mejorando el país. Sin lugar a dudas somos una contradicción ambulante.