El día que Charles Darwin estuvo en San Nicolás


¿Cómo era nuestra Ciudad a comienzos del siglo XIX? La vemos una aldea pequeña, aunque panorámicamente grande en amplitud fluvial y pampeana. Por su situación geográfica, el ejido urbano apenas diseñado, se constituía en una especie de “atalaya” en la frontera norbonaerense.


Beagle, barco en el que se movilizaba Darwin en el estrecho de Magallanes. En su derredor, al norte, oeste y sur, un extenso verde pastoril de plácida luminosidad; y al este, a los pies de altas barrancas, un caudaloso y profundo río. Tal vez cuántos viajeros así la vieron a San Nicolás, que en carretas o diligencias pasaron por aquí, entre imágenes pueblerinas salpicadas por fogones de gauchos arrieros y soldados en campañas. Quizás de este modo la contempló el naturalista inglés Charles Darwin, quien estuvo en nuestra Ciudad, hace 175 años. más precisamente entre el 29 y 30 de septiembre del año 1833. Aquél célebre e ilustre viajero del mundo, que dedicó su vida al examen de todas las formas de vida, había partido de Buenos Aires el día 27, por la tarde, para dirigirse a Santa Fe. Después de atravesar Luján, Areco y Arrecifes, dejó escrito en su diario de viaje: “Proseguimos nuestro camino a través de llanuras absolutamente del mismo carácter. En San Nicolás veo, por vez primera el magnífico río Paraná. Al pie del acantilado sobre el cual está construida la ciudad pueden verse varios grandes buques anclados”. (sic).
Darwin, aquél científico universalmente conocido por constituirse en un enérgico defensor en lo tocante a los aspectos geológicos de la evolución orgánica, en aquellos días de 1833, en San Nicolás, quedó deslumbrado por el río al que califica de “colosal”, y se llena de admiración pensando: “de qué enorme distancia viene este caudal de agua dulce que corre a nuestros pies y cuan inmenso territorio riega”. Charles Darwin (1809-1882) En su diario de viaje también se refiere a la extensa pampa húmeda y anota: “Por espacio de muchas leguas al Norte y al sur de San Nicolás, y de Rosario, la comarca es realmente llana. No puede acusarse de exagerado nada de lo que los viajeros escriben acerca de este nivel perfecto. Sin embargo, nunca he podido hallar un solo sitio donde, girando con lentitud, no haya distinguido objetos a una distancia más o menos grande; pues bien, eso prueba con plena evidencia una desigualdad en el suelo de la llanura. En el mar, cuando los ojos están a seis pies por encima de las olas, el horizonte está a 2,4/5 millas de distancia. De igual modo, cuanto más nivelada está una llanura, tanto más se aproxima el horizonte a estos límites estrechos; pues bien, en sentir mío, eso basta para destruir el aspecto de grandeza que se supone debe notarse en una vasta planicie”, (sic).
En esta parte de su diario, también hace referencias a la “Lagostomus trichodactylus” (vizcacha) y al “Athene cunicularia” (buho). Cabalgando por el tiempo, aquel hito de 1833, en la memoria de Charles Darwin, ha quedado reflejado en “Viaje de un naturalista alrededor del mundo”, (Madrid, 1899), obra en dos tomos que hemos podido leer y apreciar en la Biblioteca de la Escuela Normal “Rafael Obligado”, enterándonos de su paso por nuestra Ciudad, desde la que observó por primera vez al río Paraná... Un honor para San Nicolás.


FOTO: Charles Darwin, con 31 años, en un retrato en acuarela realizado por George Richmond hacia finales de 1830, tres años antes de arribar a nuestra ciudad. PIE DE FOTO BEAGLE El HMS