Descubren las células implicadas en el insomnio genético


Más de 900 genes actúan conjuntamente condicionando el sueño de las personas, relacionándose con la depresión. Un grupo de la Universidad Libre de Ámsterdam (Holanda) ha identificado, por primera vez, los tipos de células, áreas y procesos biológicos cerebrales que median el riesgo genético de insomnio. Esto fue posible al evaluar las características del ADN y del sueño en 1,3 millones de personas.

El insomnio es el segundo problema de salud mental más prevalente. Muchas personas tienen una noche de mal sueño de vez en cuando. Pero una de cada diez personas experimenta una falta crónica de sueño y sufre las consecuencias todo día. En todo el mundo, 770 millones de personas padecen insomnio crónico. Y está demostrado que, en una buena parte, depende de nuestros genes que durmamos mejor o peor. De hecho, estudios con familias han sugerido que se hereda aproximadamente un tercio del riesgo de insomnio. Ahora, un grupo de la Universidad Libre de Ámsterdam (Holanda) ha identificado, por primera vez, los tipos de células, áreas y procesos biológicos cerebrales que median el riesgo genético de insomnio. Esto fue posible al evaluar las características del ADN y del sueño en 1,3 millones de personas. Los hallazgos son un paso importante para controlar los mecanismos biológicos que causan el insomnio. Nature Genetics publica los resultados de esta investigación. Y revela algo sorprendente: los genes del sueño correlacionan con trastornos mentales y no con comportamientos propios del sueño.

Los genes que nos hacen soñar
“Nuestro trabajo identificó las áreas del cerebro, los tipos de células y los procesos celulares que hacen uso de los genes y las variantes involucradas en la predisposición para el insomnio”, explicó Eus Van Someren desde el Instituto de Neurociencia de los Países Bajos. “Que unas células tengan gran parte de la variante incorrecta de ungen no se conoce actualmente, pero ahora hemos señalado objetivos para la investigación celular sobre el insomnio. Esto era impensable antes”. Hasta el momento, sólo se habían identificado unos pocos genes involucrados en la predisposición al insomnio. También era un misterio saber dónde están los genes que ejercen su papel perturbador. La profesora de genética estadística de Ámsterdam Danielle Posthuma y su compañero de Neurofisiología reunieron a científicos y cohortes, incluido el Banco del Reino Unido y la compañía estadounidense 23andMe, para averiguar dónde están los genes del riesgo de insomnio. Consiguieron el mayor conjunto de datos genéticos de la historia. 956 genes relacionados con insomnio Ya en un estudio de 2017, se identificaron tres sitios genéticos asociados con síntomas de insomnio. Ahora, las investigadoras holandesas identificaron 956 genes en los que las variantes contribuyeron al riesgo de insomnio. Luego investigaron exhaustivamente qué procesos biológicos, tipos de células y áreas del cerebro utilizan estos genes. Encontraron que parte de estos genes tenían un papel importante en la funcionalidad de los axones, que son las largas protuberancias de las neuronas que les permiten comunicarse entre sí. Otra parte significativa de los genes del insomnio se hacía presentes en la corteza frontal y los núcleos subcorticales del cerebro.

Las neuronas que encienden y apagan el sueño
A este trabajo se une otra publicación del Hospital General de Massachussets que ha identificado 57 regiones genéticas asociadas con síntomas de insomnio. Su informe también indica un vínculo causal entre el insomnio y la enfermedad de la arteria coronaria. En este caso, lo vinculan con factores de riesgo conocidos, como el estilo de vida, el consumo de cafeína, la depresión o el estrés reciente. Sin embargo, el trabajo de las holandesas destaca por cómo, independientemente del ambiente, la combinación de casi un millar de genes predispone a una persona a dormir mal. No hay un gen que determine el insomnio. Lo que cuenta es su efecto combinado. “Nuestro estudio muestra que el insomnio, al igual que muchos otros trastornos neuropsiquiátricos, está influenciado por cientos de genes, cada uno de los cuales tiene un pequeño efecto. Estos genes por sí mismos no son tan interesantes de ver. Lo que cuenta es su efecto combinado sobre el riesgo de insomnio”, dice Danielle Posthuma. “Estos hallazgos son un gran avance, ya que ahora podemos por primera vez comenzar a buscar mecanismos subyacentes en las células cerebrales individuales en el laboratorio” añade Guus Smit, neurobiólogo de la Universidad VU y que participó en el estudio.

Relacionado con problemas psiquiátricos
Otro de los autores, Philip Jansen, cree que “el insomnio está más relacionado genéticamente con los trastornos psiquiátricos que con otros rasgos del sueño”. El equipo comparó los genes de riesgo de insomnio con los de otros rasgos y trastornos mentales. Aquí vino algo sorprendente. Había una fuerte similitud genética con la depresión y la ansiedad. “Un hallazgo muy importante, porque siempre hemos buscado causas de insomnio en los circuitos cerebrales que regulan el sueño. Tenemos que centrar nuestra atención en los circuitos que regulan la emoción, el estrés y la tensión. Nuestros primeros resultados en esa dirección ya son espectaculares”, dice Van Someren. “Este estudio es un gran paso adelante en la comprensión de los antecedentes genéticos del insomnio. Los hallazgos subrayan que el insomnio puede ser una enfermedad grave”. Estos genes, en realidad, no tienen que ver con los que determinan si somos matutinos (alondras) o nocturnos (búhos), pero sí si padecemos diversos transtornos, el más importante, el depresivo. Eso sí, Eus Van Someren deja claro que “el insomnio y los otros trastornos pueden ocurrir independientemente uno del otro, pero el insomnio también aumenta su riesgo. El insomnio no es causado por las manifestaciones de los otros trastornos. Algunos genes que se superponen aumentan el riesgo de insomnio y el otro trastorno”. La investigación abre el camino a nuevas dianas terapéuticas centradas, por ejemplo, en prevenir la angustia. En este sentido, el autor del otro estudio, el estadounidense Samuel Jones, de la Universidad de Exeter apunta q que sus hallazgos “sugieren que la depresión y las enfermedades del corazón son en realidad el resultado de un insomnio persistente”. La investigación abre el camino a nuevas dianas terapéuticas. “Podríamos comenzar un estudio sobre la intervención farmacológica para mejorar los procesos dependientes del sueño REM, por ejemplo. Los terapeutas que proponen terapia cognitivo-conductual para el insomnio pueden añadir a su pauta la regulación de las emociones y consejos sobre cómo prevenir la angustia antes de dormir”. Parecería obvio, pero ahora sabemos que hay un vínculo genético.