“Primero me violaron físicamente y después me volvió a violar el sistema”


Sucedió hace ya más de una década. La víctima tenía entonces 21 años y fue abusada sexualmente por un hombre en plena vía pública. Lo que le siguió al ultrajante episodio fue casi tan tortuoso como el hecho mismo. “Tuve que relatar una y mil veces lo ocurrido, con lujo de detalles, para que la investigación se cerrara al mes y medio sin encontrar al culpable”, cuenta V. “Me sentí violada dos veces, primero por un pervertido y después por el sistema”.


Guillermo Insúa
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La Justicia lenta no es Justicia, afirma un remanido axioma popular. Ahora bien, siguiendo esa lógica bien podríamos afirmar que la Justicia que no llega nunca es Injusticia. La historia que sigue a continuación se ajusta más a este segundo enunciado, y fue relatada en primera persona por una mujer de treinta y pico de años víctima de violación sexual en plena vía pública, hace ya más de una década. V. (así identificaremos en adelante a la víctima) denunció en sede policial aquel episodio oscuro que cambiara su vida para siempre. Tenía 21 años y era madre [soltera] de un niño de tres años. Un frío día de julio transitaba las cuatro cuadras que separaban al lugar de trabajo de su casa cuando fue interceptada por un hombre en calle Alberdi y Urquiza.
“Eran las seis de la mañana. Todavía recuerdo el frío y la neblina”, comienza relatando V. “De la plena oscuridad sale un hombre con una cuchilla en la mano. Nunca pude verle la cara”, siguió. Sólo vamos a contar que ese hombre abusó sexualmente de V. Y que aquel episodio nunca encontró justicia, a pesar de que la víctima y su entorno familiar siguieron el tortuoso periplo de relatar los hechos una y mil veces ante funcionarios policiales. “Llego a mi casa llorando y en estado de shock. Lo primero que hice fue abrazar a mi mamá. Y recién después de un largo rato logré contarle que me habían violado”, recuerda V. Su madre la convenció de hacer la denuncia policial, algo difícil de resolver puesto que la denuncia abre un camino de exposición del que ya no hay vuelta atrás. “Mi mamá me decía que había que denunciar a ese hdp porque si seguía suelto iba a hacerle lo mismo a otras chicas”, cuenta la víctima.
Como si hubiera ocurrido ayer, V. recuerda que luego de relatarle los hechos a su madre corrió a darse un baño. “El agua salía helada. Todavía tengo esa sensación”.

Tiempo del morbo
Horas más tarde, V. se presentó en sede policial para denunciar el hecho. Allí comenzó un recorrido también ultrajante puesto que debió relatar “con lujo de detalles lo que me había pasado. Primero al comisario, y después a cada uno de los policías que me venían a tomar declaración. Fue horrible, porque además estaba mi papá presente. No entendía la necesidad de tener que contárselo a tantos policías, uno por uno”, asegura V. El médico forense, al examinarla, le recriminó que se hubiera dado una ducha porque de esa manera se pierden posibles rastros que ayuden a identificar al abusador. “Yo era muy joven. La situación que me tocó vivir fue espantosa. Necesitaba bañarme porque me sentía sucia de una suciedad que -en definitiva- no te quita el agua. En ese momento no pensás en otra cosa”, dice. Al día siguiente V. decidió ir a trabajar para evitar que sus compañeros de oficina siquiera pudieran sospechar lo que había vivido pocas horas antes. “Yo me sentía culpable porque los policías me recriminaban que anduviera sola a las 6 de la mañana”. El dato que le pone contexto a esa recriminación que hoy diríamos que atrasa pero que hace quince años era considerada pertinente, es que V. trabajaba casi todo el día para poder alimentar a su hijo en virtud de que no recibía dinero alguno por parte de su ex, según cuenta la víctima. “Al llegar al trabajo al día siguiente, todos mis compañeros ya sabían lo que me había pasado pocas horas antes. Fue espantoso. Después me enteré que uno de los policías que estuvo presente en el momento de la declaración tenía contacto con uno de mis compañeros de trabajo. Es decir que ni siquiera resguardaron mi identidad. No me cuidaron. Me sentí ultrajada nuevamente”, afirma.

El famoso «peregil»
“Diez días más tarde del hecho de violación, el comisario se presenta en mi casa para informarme que tenían detenido al hombre que me había violado. Como no le había visto la cara, me pidieron que identificara la campera que tenía puesta el detenido”, siguió V. Le hicieron poner la campera en cuestión a un hombre de una contextura física similar a la del detenido. “Me hicieron tocar y oler la campera. Eso fue suficiente para darme cuenta de que no se trataba de ese hombre. Me quisieron convencer de que yo estaba equivocada y que esa persona detenida era quien me había violado. Pero el olor del hombre que me abusó no lo voy a olvidar nunca”, asegura. “También me hicieron escuchar un audio para que reconociera la voz. Yo volví a decirles que habían detenido a una persona inocente de ese hecho. Me quisieron convencer de que estaba equivocada. Hasta me recriminaron que `encima que agarramos al tipo nos decís que es otro´. Entonces entendí que el único interés que tenían era cerrar la investigación”, continuó relatando. Esa persona detenida era un cuida coches, que poco tiempo después recuperó la libertad en virtud de que no había una sola prueba que lo incriminara. “Nada cambió” “Me sentí violada dos veces, primero por el abusador y después por el sistema. La investigación se cerró sin siquiera buscar testigos. Había un vecino que un rato antes había ingresado a su casa y tal vez pudo ver o escuchar algo. Además en el lugar hay una estación de servicio donde siempre hay movimiento. Pero no se investigó nada, y al mes y medio la causa se cerró sin encontrar al abusador”. Para V. el cambio de época no modifica demasiado el escenario para una víctima de violación. “Es cierto que hoy hay mayor predisposición a denunciar hechos de abuso. Pero no estoy segura de que si hoy le pasara algo similar a una hija mía la llevaría a presentar la denuncia. Es un camino de mucho sufrimiento, y la policía y la Justicia no dan respuestas”, dice.
“Lo que está pasando hoy es que muchas chicas abusadas salen a exponer su caso públicamente. Antes eso era más difícil. Pero el resultado final hoy no se diferencia mucho de lo que ocurría hace quince o veinte años atrás. El sistema sigue funcionando igual. Lo peor es que la persona que me violó anda por la calle libremente. Tal vez me lo haya cruzado y hasta me reconociera como su víctima, no sé. Al día de hoy sigo sin saber quién fue a pesar de que aporté todo lo necesario para que se hiciera justicia”.