Entre la corriente de “El Niño” y el “niño” Mauricio se nos viene un verano complicado


Y dijo Mauricio: “Quien pierda sufrirá veinte años de desgracia”; entonces las columnas de la Bombonera se estremecieron, en el Atlántico un fuerte viento desvió su rumbo y sacudió levemente el avión que llevaba al plantel xeneise, en Madrid un oscuro nubarrón sembró pesadumbre y olvido, mientras que los hinchas de la banda roja sintieron en la sangre que la victoria acababa de ser otorgada. (Versículo 4 de la biblia de Mauri)


Germán Rodríguez
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Qué poco le duró la euforia a nuestro mandatario, qué corta fue la algarabía de haber tenido ese bello grupo de veinte ilustres figuras que se dieron el gusto de reunirse en un país tercermundista para seguir planificando el reparto del Globo. Qué breve fue el orgasmo de creer pertenecer a la elite, para que al siguiente fin de semana el fútbol, ese ingrato deporte que nos hace quedar como salvajes en todas partes, le pegue una definitiva bofetada. Todos saben que Boca Juniors es el segundo gran amor de nuestro presidente; el que está, sin lugar a dudas, en primer lugar es la plata, el vil metal, el dinero en todas sus formas y acepciones. Mauricio, siempre tan atinado en sus observaciones, como la de decir que “el técnico de River es un culón” -convengamos que Mauri no entiende eso de trabajo, planificación y proyecto-, vaticinó para el superclásico, tratando de bajar un poco los decibeles ante la escalada de violencia que provocó este trascendental partido, que al perdedor le esperarían veinte años de desgracia. Ni más ni menos. No quedó muy claro de si se refería a lo que le sucederá a Boca o solo seguía hablando de su endeudado gobierno. Sea como sea, el clásico más importante de la historia de la humanidad, cuyo único antecedente trascendental fue un enfrentamiento que tuvieron los asirios contra los caldeos allá por el “quichicientos” antes de Cristo, en el que se jugaba con una cabeza de cabra, para ver quien se llevaba la copa Rey de la Mesopotamia, cambiará para siempre la vida de los argentinos futboleros, que, abocados como estuvieron en todo este mes pasado a la súper final, no se dieron cuenta de que las cosas siguieron aumentando, que el 2018 pinta récord de inflación, que en el último mes la actividad industrial cayó un 6,8 %, (esperando que este mamarracho de los cuadernos no se lleve puesto también a nuestro Paolo), que el Mauri se estaría por endeudar con China también y que la Unicef denunció que en la Argentina el 48 % de los adolescentes son pobres.

Año cero
En el Gobierno vaticinan que el semestre de crecimiento está por venir y que el 2019 será para alquilar balcones, ya que con los aumentos que se avecinan en materia de inmuebles, alquilar un departamento entero se va a hacer imposible. Sumémosle también la corriente de “El Niño” que viene cargada de lluvias, y ya vieron que cuando llueve mucho en este país, que no es impermeable, nos inundamos donde menos se espera (por las dudas vayan apurando las obras en zona oeste, ya que barrio Colombini no se aguanta más una nueva inundación). En fin, perdió Boquita (debería anularse lo de “la B” con esto, sería lo más justo, digo, eh...). El presi se deprimió y se prepara para un año áspero en materia de elecciones.
Ya se aseguró sobrevivir con el préstamo del FMI, que, seguramente, dilapidará durante la campaña y que nos dejará endeudados unos veinte años (como lo que le durará la cargada a los primos xeneises (bosteros). Por cómo pinta la mano en el 2019 -o como algunos ya le dicen, “año uno D. C.” (después del clásico)-, la lucha electoral del oficialismo será directamente contra Cristina y las tropas kirchneristas que se van aglutinando en torno a su líder. Teniendo en cuenta que el superclásico del año que viene se hará entre Mauri y la Cris, nos preguntamos: ¿Están dadas las garantías de seguridad para que se dispute acá? ¿Se jugará en Madrid de nuevo? ¿O en Washington? ¿El mala onda de Trump prestará la Casa Blanca para que se enfrenten nuestros líderes?... Qué país, señores, qué país.
PD: Gracias, River, gracias totales.