20 gatos hablando de fútbol


Los grandes líderes del mundo se encontraron en nuestro país que ofició de suministrador de sandwichitos para debatir los grandes temas en los que nosotros no aportamos nada, salvo como materia prima, en medio del debate River –Boca. Con una curiosa seguridad que entregó un colectivo a los barras, donde a pesar de las mil filmaciones no hay detenidos, nuestro clásico más importante de la historia se juega en España. ¿Somos o nos hacemos?


Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

En un operativo de seguridad sin precedentes, a cargo de los mismos genios que metieron el colectivo de Boca en medio de la barra de River, estuvieron en nuestro salvaje país los lideres más poderosos del mundo, que no querían perderse la oportunidad de conocer nuestros pintorescos y atrasados parajes para ver qué más se nos puede sacar, además del endeudamiento atroz en el que solitos nos metimos.
Tampoco hay que enloquecerse mucho con el tema seguridad porque en estas latitudes lo único que importa es la superfinal del River-Boca y a los únicos que realmente les interesa un poco la visita de estos ilustres personajes es a esos grupos minoritarios de la izquierda que añoran las épocas del Che y la Rusia comunista y que ya casi que protestan por deporte. Tenía razón la Bullrich en que no se puede comparar un partido con esto. El match futbolístico sin lugar a dudas es mucho más riesgoso.

Power
Como sea más de 20.000 efectivos (a lo que habría que contar uno por uno para estar seguros) blindaron las calles de la ciudad durante la cumbre del G20. ¿La razón detrás de semejante despliegue? Nos visitaron los líderes de las principales potencias mundiales. El presidente de EEUU, Donald Trump, el ruso Vladimir Putin, el chino Xi Jinping, la alemana Angela Merkel, el francés Emmanuel Macron y un montón más que tampoco tengo ganas de googlear El pobre Macrón fue de los primeros en llegar y fue recibido efusivamente por el banderillero y un vendedor de choripanes que le dieron la bienvenida a este hermoso país y le sacaron unos cien pesitos por el estacionamiento del avión y la limpieza del parabrisas, que no fue fácil sabiendo que a las alturas que se manejan esos artefactos voladores, no hay que limpiar restos de bichitos sino de cóndores y halcones.
En fin, la cumbre fue un éxito, se sacaron selfies, postearon lo que comían y se enfrascaron en los grandes debates que les importan a las súper potencias como la abolición del trabajo legalizado, el regreso a la esclavitud, la conquista, los saqueos territoriales y la progresiva aniquilación del medio ambiente.

Salvajes
Luego de los debates macroeconómicos, donde nuestro adorable Mauricio se dormía por instantes ya que no entendía nada de lo que se hablaba, el verdadero encuentro se centro en el tema que apasiona a nuestro mandatario y que es el fútbol, en especial la súper final entre River y Boca. El primero en expedirse sobre ese tema fue el amo del norte, Don Trump quien medio en joda y medio en serio dijo “la verdad es que si la frontera de Estados Unidos fuera con Argentina en vez de con México, tendríamos que hacer una muralla el doble de alto y electrificarla”.
Mauricio rió y acotó: “Perdé cuidado Donald que acá los barrios privados tienen muros de púas para que no pasen los negros jajajajaja” y agregó para volver al tema que más lo atañe “Yo no puedo creer que saquen el partido del país, nos hace quedar para el culo. Obvio que no están las garantías dadas para que se juegue acá y por supuesto que seguramente va a suceder algún otro quilombo, pero el superclásico es nuestro papá” “Nuestro es el baile que le metimos en el mundial gato jajajaja” estalló en carcajadas el mandamás francés recordando el pesto de los octavos en el mundial. “Ni hablar de la final del 2014” agregó Ángela Merkel sumándose al bullyng al presidente argento que ya no sabe dónde meterse.

¿Quién perdió?
Perdimos todos, perdimos el partido más importante de la historia del fútbol argentino en nuestro país, la denominada final del mundo, la perdimos por ineptos, por bárbaros, por creídos. Nos golpeábamos el pecho desafiantes con nuestros hermanos latinoamericanos, creyéndonos mejores y demostramos que no estamos a la altura de nada. El país habla de si se juega o no se juega, todos saltan con intereses mezquinos, con guapeadas, con escritoriazos, con ver quién es el más vivo, el que la tiene más larga y nos olvidamos de que esta sociedad está conformada por un gran número de salvajes egoístas. No son unos poquitos como nos quieren hacer creer. Somos muchos, los que cantamos de que a nuestro rival hay que matarlo, los que puteamos en las canchas ya sea en un Regatas- Belgrano, en un partido del baby fútbol, en un picado en el barrio. Denigramos al otro, no lo reconocemos, aplaudimos si cascotean al otro, si le echan gas pimienta, pero cuando el desastre está hecho nos agarramos la cabeza y nos indignamos por esos cuatro o cinco de los que decimos no tener nada que ver. Falta educación, falta seguridad, falta empleo, falta salud, falta querernos un poco más. Nos falta todo argentinos.

País de salames
También nos falta que nos digan la verdad, porque nos creemos muy vivos pero nos engañan en la cara y no reaccionamos. ¿Por qué la policía liberó la zona y permitió que atacaran al micro?; ¿Por qué con tantas filmaciones no capturaron ni siquiera a uno de todos los que tiraron piedras? y lo peor de todo: ¿Por qué una copa que se llama “Libertadores de América” se juega en España? Dice San Martín que se vayan a cagar.