Rutas argentinas que deslumbran


Desviarse del camino diagramado por un buen consejo dado a tiempo o una corazonada... un viaje de ruta suele tener miles de variantes e imprevistos, y por eso lo esencial es estar dispuesto a dejarse llevar. Parar cada vez que el viaje lo decida, y por el tiempo que el propio viaje demande.

Un viaje en auto por caminos que atraviesan paisajes espectaculares es sin dudas una gran experiencia. Admirar las postales pasando al otro lado de las ventanillas, conocer pueblos que hasta entonces eran solo puntos en un mapa o nombres intrigantes, compartir con la familia, amigos o quien sea una buena charla en una ruta desolada, parar por un buen café en una estación de servicio, detenerse a orillas de un lago o sobre la playa por unos mates, parar sin haberlo previsto en un puesto al costado del camino para charlar con la gente, comerse unas buenas empanadas o comprar alguna mermelada casera recién hecha para disfrutar más tarde sobre un pan de campo. Desviarse del camino diagramado por un buen consejo dado a tiempo o una corazonada... un viaje de ruta suele tener miles de variantes e imprevistos, y por eso lo esencial es estar dispuesto a dejarse llevar. Parar cada vez que el viaje lo decida, y por el tiempo que el propio viaje demande.
En la Argentina hay paisajes y recorridos para todos los gustos; de zigzagueos a orillas de lagos majestuosos a rectas infinitas en la estepa; de rutas que bordean al océano a otras que se internan en la selva o ascienden las laderas de los Andes hasta miles de metros sobre el nivel del mar. Aquí, solo algunas de las muchas propuestas posibles para disfrutar de viajes inolvidables por las rutas argentinas, y de paso, conocer paisajes majestuosos, pueblos e historias. Los únicos consejos serían “precaución y paciencia”. Despacio se llega mejor y se disfruta más, que es el objetivo de este listado: no simplemente llegar, sino saborear el camino.

Ruta Azul
No es esta toda la Ruta Azul, claro, sino un tramo singular de la ruta 3, que une destinos más que interesantes de la Patagonia atlántica. Un recorrido para hacer en no menos de cuatro o cinco días que arranca en Camarones, una tan pintoresca como poco conocida localidad costera, de unos 2.000 habitantes, ubicada 260 km al norte de Comodoro Rivadavia. Quizás lo primero que lo sorprenda de la zona de Camarones es su variedad de playas (acantiladas, rocosas, de restinga, de arena, de canto rodado), típicamente patagónicas y enmarcadas por una bahía. Allí se encuentra el límite norte del parque interjurisdiccional marino costero Patagonia Austral, que incluye una gran zona marítima y también islas e islotes, y protege un rico patrimonio paisajístico, cultural y natural. Por ejemplo, 13 de las 16 especies de aves marinas que nidifican en la costa argentina lo hacen en esta zona. También se pueden ver lobos marinos de uno y de dos pelos, ballenas, delfines y orcas. Además, Camarones tiene una interesante historia que narra en su discreto pero completo Museo Perón, dedicado a los años en los que la familia Perón pasó en la localidad, cuando el futuro presidente era aún un niño. Hay objetos de época, fotos y manuscritos, además de utensilios, ropa, juguetes y el mobiliario que acompañó a la familia en estas tierras.
De Camarones a Comodoro son 260 km por la ruta 3 en lo alto de la estepa. La que por muchos años fue la ciudad más grande de la Patagonia -ahora desplazada por Neuquén- es una urbe típicamente petrolera, a orillas del mar, con varios hoteles de buen nivel y una joya cercana: la espectacular playa de Rada Tilly, una inmensa lengua de arena protegida entre dos despeñaderos que se adentran en el mar. Hoy es una ciudad con casi 12.000 habitantes y vida propia. En el extremo de la punta sur de la rada, Punta Marqués, podrá ver una colonia de lobos marinos y una vista de la costa patagónica desde lo alto que lo dejará sin aliento.
Siguiendo por la 3 hacia el sur, el siguiente tramo lleva hasta Caleta Olivia -unos 80 km- casi acariciando el mar, así que el paisaje es una delicia (no el estado de la ruta, en eterna “construcción” desde hace años). Poco después de atravesar Caleta Olivia, la 3 se aleja del mar y se interna en la árida meseta patagónica. Unos 15 km al sur del paraje Fitz Roy, el desvío a la izquierda por la ruta 281 lo llevará directo a Puerto Deseado, una maravilla de la naturaleza, con su espectacular ría en la que anidan decenas de especies de aves, su rica historia y las excursiones a sitios como los miradores de Darwin y la fantástica Isla Pingüino, donde se puede admirar la única colonia de pingüinos penacho amarillo accesible de la costa patagónica.

De los Siete (once) Lagos
No necesita presentación; es posiblemente la ruta más conocida de la Argentina. Sólo que aquí proponemos una versión apenas un poquito más extensa, que merece varios días de recorrido, para tomar todos los desvíos posibles y disfrutar de tanto paisaje junto. Proponemos arrancar de Junín de los Andes en lugar de San Martín, para conocer de entrada uno de los grandes paraísos de la pesca con mosca, con eje en el río Chimehuin. Para empezar con los lagos, muy cerca están el Huechulafquen, el Curruhue, el Curruhue Chico, el Epulafquen, el Paimún y el Lolog. Aunque quien atraiga buena parte de las miradas sea posiblemente el volcán Lanín. A 41 km al sur de Junín, empieza “oficialmente” la Ruta de los Siete Lagos: en San Martín de los Andes, a orillas del lago Lácar. De allí hacia Villa La Angostura son 108 km de curvas y contracurvas -totalmente asfaltados- y lagos y más lagos: se pasa a orillas del Lácar, el Meliquina, el Hermoso, el Falkner, el Villarino, el Correntoso, el Espejo Grande y el Nahuel Huapi. Sí, contamos 8. Y llegamos a 9 si sumamos el bellísimo Traful, a unos pocos km de desvío. Y si no le molesta desviarse un poquito más, son 10: lago Totoral. Y por qué no, 11: Filo Hua Hum, más pequeño y oculto, al que se accede por la ruta 63, del lado este. De Villa La Angostura puede seguir 82 km más, darle la vuelta al extremo del Nahuel Huapi, cruzar el puente donde nace el río Limay y llegar a Bariloche a saborear un buen chocolate caliente.
En todo el viaje, además, puede optar por cruzar a Chile por alguno de los varios pasos -Carirriñe, Huahum, Cardenal Samoré-, como para seguir encantándose con paisajes imposibles de describir en palabras. Una delicia para los ojos…y para la memoria.

(Fuente: Clarín)