De la escuela privada a la pública, otra cara de la crisis para la clase media


Ante la imposibilidad de hacerle frente a los crecientes costos que supone la escolarización en el sistema privado, viene creciendo en San Nicolás el número de pases de alumnos a la escuela pública. El valor de las cuotas mensuales puede ir de los 2000 pesos en adelante. A ello se suman altos costos iniciales como uniforme y útiles, lo cual se ha vuelto privativo para una economía doméstica que sufre ataques desde diferentes flancos.


Guillermo Insùa
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

La angustiante situación económica que atraviesa la mayor parte de la masa de asalariados en la República Argentina tiene distintas expresiones, todas vinculadas a la modificación de hábitos de consumo. El objetivo es muy claro: achicarse, para que alcance.
Lo que denota la brutalidad de la crisis para los sectores medios es el giro obligado en la planificación familiar. Entre otros, el costo de la escolaridad se ha vuelto asfixiante para las familias que tienen dos o más hijos en cualquiera de los tres niveles de la enseñanza privada. Tanto es así que cada vez se cuentan más casos de padres que optan por no inscribir al hijo/a en la escuela privada para enviarlo a la escuela pública como consecuencia de no poder surfear la ola de costos altísimos: cuotas que van desde los $ 2000 en adelante, uniformes, libros, útiles y otros gastos corrientes.
No hay estadísticas, claro, porque en esta ciudad no se usa eso de andar cuantificando datos e información para tener una idea cierta de cuál es el escenario real. Pero en el diálogo con docentes y padres la coincidencia es absoluta: cada vez más estudiantes nicoleños se ven obligados a pasar de la escuela privada a la pública por la dificultad para hacerle frente a los costos. Aquel debate de mesa familiar sobre si enviar a un hijo a la educación privada porque es mejor que la pública, y viceversa, parece ya un anacronismo. Hoy la coyuntura ha superado ese debate en muchos hogares nicoleños donde ya no hay lugar para la opción.
No hace mucho, el presidente Mauricio Macri dijo al comparar la educación privada con la educación gratuita: "Hay una terrible inequidad entre aquel que puede ir a la escuela privada versus aquel que tiene que caer en la escuela pública" (sic).
La frase –ya célebre- connota hoy un peso diferente al entender que muchos «están cayendo» en la educación pública empujados por la profunda crisis económica.
Es importante aclarar algo: la idea original era producir un informe que diera cuenta de cuánto dinero supone la escolaridad en el sector privado, en sus diferentes niveles. Fue en la búsqueda de esa información que nos topamos con un escenario que no parecía significativo en San Nicolás. Y que, a la luz de la charla con docentes y padres de alumnos, no podemos menos que decir que es muy importante.

Algunos costos
Las cuotas de los colegios privados están determinadas, en buena medida, por el nivel de subsidios que reciben del Estado, y por la cantidad de servicios adicionales que puede ofrecer. Así, las escuelas con mayor porcentual de subsidios pueden tener una cuota más accesible que la de una escuela que recibe poco o nada en concepto de subsidios.
La mayoría de los colegios privados de San Nicolás aún no publicaron el valor de la cuota para el ciclo lectivo que comienza esta semana. Aunque muchos padres ya abren el paraguas por lo que venían pagando el año pasado. Lo único cierto es que el aumento no puede superar el techo porcentual que define el Ministerio de Educación.
El valor de las cuotas varía de acuerdo con el establecimiento. Y a ello hay que sumarle el costo de la canasta escolar, materiales extras en los niveles Inicial y Primario, o libros para los que cursan el Secundario. Pero también el uniforme, con lo cual la suma total de arranque puede llegar a los 10.000 pesos por alumno.
“La inscripción me costó 3000 pesos, y las cuotas se supone que van a tener un costo similar, tal vez un poco más bajo. Pero me tengo que gastar otros 3500 pesos en libros. Y el uniforme me sale 2500 pesos, sin zapatillas”, cuenta Paula, madre de un alumno de nivel secundario en uno de los establecimientos más conocidos de la ciudad.
“Yo me estoy moviendo para conseguir libros usados. Uno nuevo te sale 500 pesos, y uno usado lo podés conseguir a 300 pesos; es mucha la diferencia”, relata Fernanda, que tiene dos hijos en nivel secundario de uno de los colegios más concurridos y de mayor tradición en San Nicolás. En ese mismo establecimiento, el costo del uniforme (sin sumar zapatos) ronda los 2500 pesos. “Hay algunas mamás que reutilizan lo del año pasado. Lo que sucede es que el cuerpo ya no es el mismo y muchas veces no queda otra que renovar el uniforme”, asegura Melina, también mamá de un alumno de secundaria.
En el nivel primario el costo más importante, después de la cuota y el uniforme, es el de los útiles escolares, que este año –tal como reflejara EL NORTE días atrás- aumentaron un 70 por ciento promedio en la comparativa interanual.
“Hay maestras que son austeras a la hora de confeccionar la lista de útiles. Pero también hay otras que piden demasiadas cosas”, se queja Florencia, madre de un alumno de otra escuela privada de larga tradición en la ciudad.
Las maestras, en tanto, se defienden. “Puede ser que alguna no tenga en cuenta la situación económica general. Pero la mayoría confecciona una lista acorde al poder adquisitivo del promedio de los alumnos que van a esa escuela”, sostiene Mónica, docente de nivel secundario.
Hay escuelas en las que no se entrega una lista, sino que –directamente- se solicita una cantidad determinada de dinero para la compra de los materiales. También se suele pedir un monto extra para fotocopias. “Yo tengo el problema que tienen todas, por triplicado. El mayor de mis hijos va al secundario, pero también tengo uno en el primario y la nena que ahora empieza el jardín. Vengo comprando cosas desde diciembre para que no se venga todo el gasto junto. Así y todo, me tengo que gastar una fortuna en este inicio de clases.”, se lamenta Mercedes.

El otro escenario
Si la coyuntura económica es muy dañina para la clase media que se permite elegir entre escuela privada o pública, mucho peor impacta en quienes –de entrada- ni siquiera pueden acceder a la opción gratuita.
La historia que sigue es verdaderamente triste. Mayra, coordinadora del merendero «Los Miños» ubicado en un asentamiento de barrio Doce de Marzo, comenzó semanas atrás a recorrer los hogares del barrio para preguntar cuántos niños acudirían al merendero que reabre sus puertas esta semana. En el contacto con las familias surgieron dos cuestiones: aumenta el número de asistentes y también el de casos de deserción escolar por no tener dinero para comprar una carpeta. Fue entonces que se resolvió impulsar una rifa con la que se logró recaudar una suma aproximada a los 4000 pesos. Ese monto, que puede equivaler al uniforme de un alumno de secundario privado, sirvió para que ayer sábado Mayra pudiera viajar a Rosario para comprar útiles a menor costo. Además de triste, el asunto es muy delicado en virtud de una regla simple: a menor educación mayor pobreza.