Cada vez más mujeres y niños se refugian en La Casita de Don Orione


La violencia intrafamiliar desnuda –en muchos casos- un agravante difícil de resolver para las víctimas mujeres que no tienen independencia económica ni recursos que le permitan salir de una situación violenta. De ahí que muchas mujeres no pueden optar otra cosa que soportar el sometimiento y la agresividad del victimario debido a la imposibilidad de disponer de un lugar donde sentirse seguras.

Una muestra clara de ello es la creciente cantidad de personas que alberga La Casita de Don Orione para mujeres y niños, un refugio que abrió sus puertas en agosto pasado y desde entonces ha recibido un total de 86 huéspedes que, en un 50 por ciento de los casos, escapan de un victimario que las somete a diferentes tipos de violencia.
El refugio, ubicado en calle Balcarce 26, no solo funciona como un lugar de resguardo y contención a las víctimas, sino también como nexo para encontrar algún tipo de salida a la dependencia económica en virtud de que promueve diferentes tipos de talleres de oficios.
La mayoría de las mujeres y niños que recibimos son víctimas de violencia. Hay madres con dos o tres hijos que llegan escapando de una situación insostenible”, cuenta el padre Matías Pérez, referente de la Asociación Civil “S.O.S. Soy tu Hermano”.
De acuerdo con lo que manifestó el padre Matías, algunas de las huéspedes llegan derivadas de la Comisaría de la Mujer. Otras son madres que ni siquiera denunciaron al victimario sino que se presentan espontáneamente escapando con sus hijos hacia un refugio seguro.
“Nosotros las invitamos a que hagan la denuncia correspondiente, al tiempo que les damos refugio las 24 horas del día. La Casita para mujeres y niños tiene una lógica diferente a la de varones (funciona de 20.00 a 8.00), porque de lo que se trata es que las víctimas de violencia puedan disponer de un espacio donde puedan sentirse seguras y contenidas todo el día”, afirmó el sacerdote. Vale agregar un dato que permite dimensionar de mejor manera el peligroso escenario que enfrentan las víctimas: los propios victimarios se presentan en la puerta de La Casita para buscar a sus víctimas y llevarlas consigo, en muchos casos con modos muy violentos.
El refugio, alquilado por la Asociación Civil “S.O.S. Soy tu Hermano”, cuenta con 19 camas distribuidas en cuatro habitaciones, living, comedor y un lugar donde las personas alojadas pueden aprender distintos oficios que permitan la posibilidad de lograr algún tipo de independencia económica.

No solo violencia
Las madres y sus hijos reciben el desayuno, almuerzo, merienda y cena. Y entre los requisitos de la convivencia está la obligatoriedad de que los niños en edad escolar no abandonen los estudios.
También hay huéspedes derivados por problemas de adicciones, otras en situación de calle o bien obligadas a ejercer la prostitución. “En todos los casos, el factor común es la desvinculación familiar. Por eso la tarea fundamental es darle la contención que les permita salirse de esa situación de vulnerabilidad”, asegura Matías Pérez.
Hay mujeres jóvenes pero también adultas mayores, algunas derivadas por el sanatorio psiquiátrico Plaza con patologías leves, que no representan amenaza alguna para el resto de los huéspedes.
“El esfuerzo es grande pero hay que hacerlo, porque la persona víctima de violencia intrafamiliar no puede seguir conviviendo con su victimario. Tenemos cuatro voluntarios que trabajan en los turnos semanales, y ocho los fines de semana. Pero estamos necesitando más voluntarios profesionales, es decir, psicólogos, asistentes sociales, personas que puedan aportar a la contención de las víctimas”, pidió el padre Matías.