Un febrero de preocupación para el mundo del trabajo


Empresarios y sindicalistas consultados por EL NORTE mencionan un escenario de incertidumbre en relación al mercado interno de corto plazo. Y apuntan a marzo como mes clave para empezar a vislumbrar lo que depara un 2019 que prevé un nivel de actividad económica en retroceso. En ese panorama, el sector asalariado comparte las preocupaciones del empresariado.


Guillermo Insúa
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El segundo mes del año excita los temores de buena parte de los trabajadores que componen la masa de asalariados en la Argentina. Pero fundamentalmente de aquellos que emplean el sector ligado a la producción industrial a partir de la decisión madre de todas las demás decisiones: enfriar la economía a nivel criogénico.
Así, el mercado se achicó para todos: empresarios, comerciantes y laburantes. En San Nicolás las pymes están complicadas, como en todo el cordón industrial. El comercio no la pasa mejor. Y el trabajador es el último escalón en la cadena de amenazados por la coyuntura. El último y el más indefenso al momento de dar batalla a la crisis.
Tal como venimos reflejando en estas páginas, en nuestra ciudad se viene instrumentando un proceso de goteo en el indicador de empleo. Lo de Motomel y Protto son casos emblemáticos porque la vienen remando desde hace ya varios años. Lo relativamente novedoso es el escenario para las pymes que proliferaron en un contexto de mayor poder adquisitivo y consumo.
“Me había pasado de tener que echar a alguien porque no hacía bien su trabajo o por incumplidor. Pero nunca porque no le podía pagar”, le confesó a este medio un empresario radicado en Comirsa, un parque industrial referente de la región.
“Hay que ver qué sucederá en marzo”, sugiere otro empresario nicoleño. Esa, precisamente, es la respuesta más escuchada al momento de consultar a referentes del sector empresario y de los gremios más importantes de acuerdo a la matriz productiva de la región.
Todos coinciden que marzo marcará la pauta para el resto del año, en materia de actividad económica. Algunos son un poco menos pesimistas que otros. Los optimistas son una rareza.
Las miradas están puestas en el empleo. O, mejor dicho, en la capacidad de emplear que tengan las empresas en un contexto de ventas deprimidas. Rumores hay de todo tipo. La responsabilidad periodística impone ir a las fuentes si se quiere tener información seria. Esas fuentes no esconden la preocupación que genera la incertidumbre. De hecho, la falta de certidumbre es lo que genera preocupación.
En pocas semanas, el INDEC hará público el indicador de Empleo correspondiente al último trimestre de 2018. Todo indica que los números empeorarán el actual escenario negativo.
La tasa de desempleo en el aglomerado San Nicolás-Villa Constitución aumentó 3,1 puntos porcentual en el tercer trimestre de 2018, frente a igual período de 2017. El mismo informe dice que la desocupación en esta región alcanza al 10,9% de la población económicamente activa y se ubica casi 2 puntos por encima de la media nacional (9%). En la comparativa con el segundo trimestre, la cantidad de desempleados creció 1,9 puntos porcentuales en nuestra ciudad.
El FMI pronostica que la economía Argentina retrocederá 1,7% en 2019. Las consultoras privadas hablan de un 3%. Fuere cual fuere el resultado final, el mundo empresario y el de los trabajadores comparten la preocupación al momento de analizar el futuro inmediato.
El dato que alienta la esperanza es la reactivación del consumo interno a partir de la inyección de billetes en el mercado, en un año electoral. El desaliento pasa por la creciente presión tarifaria e impositiva que sufren las pymes y los hogares de familia, lo cual obliga a un achique constante.

Datos de la realidad
En Mar del Plata, la planta Eskabe planifica despedir a unos 100 trabajadores. La empresa de estufas y termotanques ubicada pretende echar al 25 por ciento de sus empleados de un total de 456.
En la planta de Siderar de la localidad de Ensenada, se viven horas de preocupación luego de que la empresa intentara echar a al menos seis trabajadores. Una negociación entre el Ministerio de Trabajo y el gremio de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) frenó esa medida, pero la tensión continúa debido a que una supuesta baja de producción pone en riesgo muchos puestos laborales.
Las tradicionales marcas de jeans Wrangler y Lee dejarán el país. Así lo decidió la estadounidense VF Corporation, propietaria de ambas etiquetas. Fuentes de la empresa indicaron que la desactivación de los locales se irá dando a lo largo del año y que se desvincularán a los 200 empleados de la compañía.
El sector textil y la industria de la indumentaria son dos de los rubros más afectados por la política económica. La apertura comercial, el derrumbe del mercado interno, el incremento en los insumos importados tras la devaluación y las altas tasas de interés motorizaron el cierre de fábricas, despidos masivos y precarización laboral.