Se inició un año electoral complejo y delicado para el oficialismo de San Nicolás


El grupo político que hoy comanda la ciudad no sólo necesitará una buena elección para retener el control del Departamento Ejecutivo Municipal, sino que además necesitará que el triunfo sea contundente para tener cierta comodidad en el Concejo Deliberante. De las 10 bancas que se ponen en juego este año, 8 son de Cambiemos.


Leandro Madeo
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No es ninguna revelación decir que para todos los oficialismos, en todos los niveles, cada elección general (es decir, con cargos ejecutivos y legislativos en juego) representa todo un desafío. No menos cierto es que para los sectores de oposición también lo es, aunque asimismo tienen un cierto sabor a oportunidad. Pero la ronda electoral que al oficialismo nicoleño –el passaglismo, si se quiere– toca afrontar en este recién iniciado 2019 viene cargada de complejidades.
Primero, porque todo parece indicar que el candidato a Intendente no será esta vez Ismael Passaglia, ungido ya dos veces por el electorado nicoleño: en 2011 y en 2015, en ambas oportunidades con claridad y contundencia.
Es todavía muy temprano para que haya cartas jugadas sobre la mesa, pero –de nuevo– todo parece indicar que ese ancho de espadas de las últimas dos elecciones para Intendente de San Nicolás estará en el mazo esta vez.
Si el candidato es el actual Intendente –Manuel Passaglia, en el cargo desde que Ismael tomó la titularidad al frente del Instituto de la Vivienda– contará con la experiencia y la visibilidad que, para bien o para mal, le darán los más de dos años al frente del Ejecutivo Municipal. Pero también sería su primera vez como la cara más visible de una lista de candidatos. No dejará de ser un desafío.

13 menos 8
No obstante, más allá de esa incógnita central se alza un escollo considerable para el actual oficialismo, si es que sigue reteniendo las llaves del Palacio Municipal. Un eventual próximo Intendente del passaglismo, sea Manuel, Ismael o quien fuere, podrá tener un Concejo Deliberante incómodo si es que el triunfo en las urnas no es verdaderamente arrasador. Al menos, más incómodo que en estos últimos siete años. Y que hoy, sobre todo, teniendo en cuenta que los ediles del oficialismo suman 13.
¿Por qué un triunfo electoral deberá ser arrasador para que el oficialismo municipal mantenga la relativa tranquilidad que hoy tiene a la hora de hacer convertir en ordenanzas las iniciativas de su interés? Porque de esas 13 bancas propias, el oficialismo local hoy embarcado en Cambiemos pondrá este año 8 en juego. De las 10 bancas que se renuevan, 8 son hoy del oficialismo municipal.
Los escaños del oficialismo que estarán en juego son los que hoy ocupan: Sergio Ponce (actual presidente del Concejo), Danilo Petroni (jefe del bloque de Cambiemos), Sergio Giménez (vicepresidente del Cuerpo), Mauricio Bosco, Valeria Sánchez, Carlos Deniau y María Laura Vásquez. Las otras dos bancas en juego son las de Carlos Mantelli y José Antonio Corral, miembros del bloque del Frente Renovador.

Los números
En rigor, la lista del oficialismo que en 2015 compitió con el sello del Frente para la Victoria y estructurada detrás de la segunda candidatura a Intendente de Ismael Passaglia, terminó ganando el derecho a incorporar 6 representantes al Concejo Deliberante. Cosechó algo así como 49 mil votos, seduciendo al 55 por ciento del electorado. Cuando se produjo el salto hacia Cambiemos, el oficialismo incorporó luego 2 bancas más: las que en las elecciones la lista Cambiemos había obtenido con unos 21 mil votos, casi el 24 por ciento del electorado.
Las matemáticas son exactas, pero los números de una elección no pueden trasladarse sin más de una elección a otra. No obstante, la cuenta sirve para tener una idea de lo contundente que debería ser una elección del oficialismo este año para mantener su fuerza y su número en el Concejo Deliberante después del 10 de diciembre próximo: las 13 bancas de que hoy dispone son el resultado de la elección hecha en su momento por el 79 por ciento del electorado del distrito (el 55% que votó al Frente para la Victoria, sumado al 24% que lo hizo por Cambiemos). Una marca casi imposible.
Pero depende de la dinámica de los resultados. La última lista que logró incorporar 8 representantes al deliberativo local fue la que en 2005 (turno de elecciones sólo legislativas) encabezó Rodolfo de Felipe, líder de la Agrupación del Acuerdo y embarcado en aquella elección en el Frente para la Victoria. Esa lista había cosechado una adhesión del 55,8 por ciento. La segunda fuerza había quedado bastante relegado y las demás no llegaron al piso necesario para acceder a una banca.