Diario El Norte

Editorial

Una crisis que se extiende, imperando la necesidad de tomar medidas de fondo

28 Mayo 2018 (22:07)

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En los primeros cuatro meses de 2018, la cantidad de papeles rechazados llegó a 550.000, unos 87.000 más que en el mismo lapso del año pasado. En total acumularon un monto de $21.000 millones, un volumen 50% por encima al del primer cuatrimestre de 2017.

Lo que viene sucediendo en las últimas semanas en el sector comercial no se diferencia demasiado de lo ocurrido cada vez que hay una devaluación que acrecienta el clima de incertidumbre, fogonazo inflacionario y la consecuente caída del consumo.

El gerente de una importante empresa mayorista relató algunos pormenores que caracterizaron a los comercios estas últimas semanas:

1.- Algunas fábricas -sobre todo de alimentos y de productos de higiene- recibieron pedidos extras por parte de sus clientes como forma defensiva ante el incremento de valores. "La típica entrega a precio viejo antes del ajuste", relata.

2. - Lo que esos comerciantes no previeron era que sus ventas caerían. En algunos casos se habla de un verdadero desplome, entonces ahora no pueden hacer frente a las mayores compras de productos.

3.- Aquellas compras de tipo "defensivas" para adelantarse a los aumentos quedaron impagas en muchos casos. A eso se debe el incremento -al menos en parte- de la cantidad de cheques rechazados

4. En ese contexto fue que las empresas que buscaban sacarse de encima stocks y hacerse de efectivo "invitando" a sus clientes a adelantar compras a precios "viejos", ahora terminaron enredadas en una estrategia en la que se quedaron sin los productos y sin el efectivo

5.- Algunos fabricantes líderes implementaron una nueva modalidad: acortaron los plazos de pago de la mercadería. De los 30 días (máximo) que se permitía hasta la devaluación, la redujeron a la condición de 4 a 12 días.

Ante esta situación, existe un riesgo concreto de un corte generalizado en la cadena de pagos. Ya en abril, en la previa a las jornadas más turbulentas surgidas de la crisis cambiaria, las ventas minoristas mostraban una leve tendencia bajista, tras el repunte que se había notado desde fines de 2017.

Según CAME, las ventas de abril se contrajeron 3% en comparación al mismo mes de 2017. La actual situación se condice con el derrape de la confianza de los consumidores. El índice de Confianza al Consumidor (ICC) cayó 21% en relación a mayo del año pasado y 10% respecto de abril último.

Este último es un dato a tener muy en cuenta. Más allá de las encuestas de opinión pública, es el primero que refiere directamente al impacto que puede estar teniendo la turbulencia cambiaria en los bolsillos del público.

Días pasados planteábamos en este mismo espacio, la realidad palpable de que la crisis cambiaria iba a tener efectos nocivos sobre la economía. Puntualizamos algunos casos como el sector automotriz, el de las motos, que ya se cobraron numerosos puestos de trabajo.

Ahora, si la cadena de pagos se interrumpe automáticamente habrá un daño sobre el sector comercial y de servicios. Este tipo de “turbulencias cambiarias” no son inocuos, ni mucho menos. Resultan muy nocivos para el andamiaje económico, las consecuencias concretas las padece la gente.

El gobierno se ha empecinado en decir que la crisis ya pasó, pero todos sabemos que no es así. El dólar quedó en 25 pesos, el traslado a precios es inevitable. Tampoco se ha solucionado el problema de fondo, que es el déficit fiscal y el constante incremento de la deuda.

Que se haya pateado el problema para más adelante, no significa que hayamos superado la crisis. Es tiempo de apagar en serio el incendio. Porque si seguimos sólo con paños fríos, la fiebre volverá a subir en cualquier momento.