Diario El Norte

Editorial

Un problema creciente, que necesita soluciones efectivas

22 Mayo 2018 (23:37)

Facebook Twitter Compartir en Whatsapp

El tembladeral que se vivió en el mercado cambiario en los últimos días, junto con la suba de tasas, hacen prever un enfriamiento de la economía. Ello a pesar de que la demanda interna venía reaccionando positivamente al cierre del primer trimestre, cuando el billete verde aún rondaba los $20,50. 

El incremento del 16% en el nivel de ventas registrado por los centros de compras ubicados en la Ciudad y el Gran Buenos Aires implica un dato alentador, pero que está siendo puesto a prueba justo en estos momentos de volatilidad cambiaria y encarecimiento del crédito. 

Sin embargo, los últimos datos que dio a conocer el INDEC revelan algo más que el humor de los consumidores y el pulso del poder adquisitivo. Las cifras de las ventas en los shoppings también permiten poner en contexto el fenomenal nivel de salida de divisas que viene experimentando la Argentina en concepto de viajes al exterior. 

En momentos en que economistas cercanos al Gobierno, como Carlos Melconian, recomiendan aplicar lisa y llanamente un impuesto para encarecer aun más el "dólar turista", hay un dato contundente que surge de cruzar el monto que se gastan con tarjetas en el exterior y el dinero que se destina al mercado interno. Según el INDEC, esas cifras son las siguientes: 

* Entre enero y marzo, los consumidores desembolsaron un total de $14.940 millones en los 2.800 locales que forman parte de los 37 shoppings ubicados en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano. Cabe destacar que en estas superficies, el 53% de lo que se comercializa corresponde a indumentaria y calzado, mientras que la electrónica se lleva cerca del 16% del total. En tanto que un 17% está explicado por gastos en patios de comidas y cines. Al tipo oficial promedio de ese entonces ($19,70) esta cifra equivalía a unos u$s758 millones. 

* Como contrapartida, de acuerdo a los datos que publica el Banco Central, en ese mismo período se gastaron con tarjetas de crédito en el exterior y de manera presencial, unos u$s2.320 millones. A esto hay que sumarle unos u$s383 millones que se fueron a través de operaciones con plásticos en moneda extranjera vía páginas online, principalmente bajo la modalidad "puerta a puerta". En total, bajo estos dos conceptos salieron de la economía unos u$s2.700 millones en el primer trimestre. 

Esta cifra implica que se gastaron en el exterior un 250% más frente a los u$s758 millones que destinaron internamente, en igual lapso, a compras en los casi 40 shoppings de Capital y el Gran Buenos Aires. En el detalle, un 60% de los u$s2.700 millones que los turistas gastaron en el primer trimestre con plásticos fuera del país fueron operaciones vinculadas con la contratación de servicios, como hotelería, restaurantes y excursiones. 

Otro dato que permite mensurar el boom de viajes al exterior y su impacto en la balanza de pagos, surge al considerar las ventas de productos electrónicos y de línea blanca en el mercado doméstico. Según el INDEC, en el primer trimestre se comercializaron productos de estas categorías en todo el país por un total de $22.524 millones. En base al tipo de cambio promedio de ese período, esto equivalió a unos u$s1.146 millones. En este caso, las operaciones con plásticos fronteras afuera se posicionaron un 135% por encima.

Con estas cifras en la mano, no son pocos los economistas que sostienen que se necesita un impuesto al turismo, similar al que hace unos años aplicaba el kirchnerismo. En realidad, nosotros no somos economistas pero en principio no parece la medida más acertada.

Es cierto que no se puede quedar con los brazos cruzados ante el éxodo de dólares de turistas que viajan al exterior. Pero la solución no es un “dólar turista”o impuesto que encarezca el valor de la moneda estadounidense. Experiencias de esa índole nunca dieron buenos resultados. De hecho, una de las primeras medidas que tomó el actual gobierno fue justamente dejar sin efecto un impuesto de esa naturaleza, así que sería un enorme paso hacia atrás incurrir en esa medida.

Nuestros gobernantes deben agudizar el ingenio para no caer en estas falsas “soluciones”, que son pan para hoy y hambre para mañana. Ya tenemos demasiadas malas experiencias como para dejarnos atrapar nuevamente con medidas facilistas, de difícil instrumentación y con escasas posibilidades de éxito.