Diario El Norte

Política

Crónicas de la tierra media: El nombre en la lista de Luzbelito

21 Mayo 2018 (16:55)

Los nombres en la lista son la sentencia de despido con todo lo que lo significa, lo que destruye. Aquello que parecía que funcionaba de maravillas hoy se derrumba y lleva arrastrado a un pueblo que en el último tiempo solo sabe de tristezas. El país pide limosnas al FMI y mediante tarifas destruye economías domesticas. Mientras tanto el silencio sindical, hace mucho ruido. ¿Cuándo entenderemos que todos somos uno?

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Crónicas de la tierra media:  El nombre en la lista de Luzbelito
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¿Saben lo terrible que es buscar su nombre en una lista de despidos, como el miedo nubla la visión, como las letras se desdibujan en garabatos inentendibles que se traducen en frases incoherentes y que obligan a retomar la lectura? Buscarse a uno para saber el destino es un hielo que quema en las venas, esos segundos de incertidumbre, mientras se revisa el nombre entre otros cientos de nombres que a partir de mañana quedaran sin trabajo, es como caminar descalzo sobre brazas de un asado ajeno.

La identidad queda rota en pedazos, destrozando el futuro, arrasando planes, tirando todo por la borda, en esa lista mal hecha, a los apurones, como una burla, ni siquiera en orden alfabético, acomodada en número de legajos que nadie conoce.

Que difícil se hace cuando uno no quiere saber el resultado, cuando desea cerrar los ojos y despertar de la pesadilla, soñar que se está soñando y que de un mal sueño la patrona le acerca un café y los chicos se le ríen de su cara de muerto. No es fácil buscar cuando a su lado suenan la puteadas, los llantos, las maldiciones que se descargan con puños y dientes apretados, los llamados telefónicos, las exigencias las preguntas de porque a mi. El dedo se apoya en la lista, la recorre sin querer saber, otros se apretujan, empujan, gritan en silencio, se ahogan en un llanto cuando se descubren y se tapan los ojos. No queremos saber lo que sabemos que nos hará trizas.

El nombre en la lista es desempleo, es arrancar el día sin nada que hacer y con la desesperación encima, teniendo cada minuto como uno menos.

Ese nombre significa que no se podrá pagar el alquiler, que los chicos se olviden de ir a un privado, que la cuentita del almacenero se hará mas difícil de cumplir, que habrá que ajustarse a lo que no se tiene, que será imposible ahora  pagar la luz y un gas que se anuncia despiadado.

El nombre de la lista es como una pequeña muerte.

 

Demonios

Hay un tramo en la vida del tipo al que acaban de despedir que es el mas largo y el mas pesado, que es ese espacio físico a recorrer desde el lugar donde se anunció el despido hasta la casa para dar la noticia a la familia. En ese periodo de tiempo la cabeza juega infiernos con demonios que se llaman a si mismo legión y se presentan con nuevos apodos. El diablo más duro es aquel que se autoproclama fracasado, una palabra que lastima más que un maremoto de golpes.

Fracasar en un mundo existencialista que hace del éxito el sentido de la vida es un pecado mortal. El fracaso de no llevar la comida  a la casa, el sustento a la familia, de mirar a los chicos y decirles que no podrán comprar lo que piden, que hay que ajustarse a estos nuevos tiempos.

Pelear con el fracaso es mendigar trabajo y soportar humillaciones, aceptar limosnas con la amenaza de que no hay otra cosa y que la cola llega a los cientos.

Las victimas de esos demonios son sabedoras que el estigma de esa inmunda palabra lo levaran sellado a fuego en la frente y costará sacarlo, que se lee fácil en los ojos vacios de aquel que lo porta.

 

Luzbelito

Otros apelan a la resiliencia, ese poder de ver lo bueno en lo malo y citan libros de autoayuda donde lo que hoy es un caída mañana será el envión para levantarse mas fuerte. Dirán que crisis en Chino significa oportunidad y se sostendrán de eso para poder intentar dormir y levantarse al otro día. Se harán una mentira grande para alentar a los seres queridos y dejar que el dolor sea propio y pase por dentro.

En la larga caminata los botines se vuelve pesados, cada movimiento duele hasta los huesos, la piel se seca de lagrimas que piden estallar y se anudan en el estomago.

El demonio de la incertidumbre es el otro que ataca en ese andar, es el maldito que siembra las dudas y las vuelve pesimistas. Solo, esta solo, absolutamente solo en su miseria, nadie lo ayudara, nadie lo salvara, solo ira cargando frustraciones que huelen mal. “Si el perro es manso come la bazofia y no dice nada, le cuentan las costillas con un palo a carcajadas” decían los Redondos y no se entendía pero ahora sí.

Ese demonio se llamaba luzbelito, se dice el desempleado como si estuviera deambulando por el pasillo de los condenados y tal vez sea así.

 

El innombrable

 Hay otro demonio que carcome el alma en esa caminata, un ser oscuro que se mete en el cerebro y rasguña la materia gris. Es un ser sin rostro, un innombrable que recorre el cuerpo como un golpe eléctrico y genera delirios. El demonio innombrable produce ensoñaciones. Lo vislumbró hace cien años Roberto Arlt cuando en “los siete locos” hablaba de ese condenado a la cárcel que soñaba con que un filántropo lo rescataba de su miseria y le regalaba la salvación. Ese infierno de desencanto rasga las huellas más profundas de la memoria, carcome en todo lo sabido, lo estimulado, lo aprendido a fuerza de libros y repeticiones, lo hace un bollo y lo arroja a la basura. Es un demonio criado por lo mediático que escarbó durante años limando las ideas, creando paradigmas falsos y que ahora se descubre como lo que realmente es, una mentira bien vendida y mal comprada. Ese demonio sin nombre nos hace sentir estúpidos.

El nombre en la lista, la caminata larga y la familia esperando, nadie merece algo así, pero 120 empleados de Motomel lo están viviendo. ¿Cuántos mas deberán seguir ese camino hasta que tomemos conciencia de que todos somos uno?