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Relatos de un Viajero: El fascinante Templo Blanco de Chiang Rai, en el norte de Tailandia

18 Marzo 2018 (14:58)

En uno de mis viajes recientes, tuve la oportunidad de visitar el norte de Tailandia. Lo hice en familia, como siempre, y quedamos estremecidos por el fascinante Templo Blanco budista ubicado en Chiang Rai. Se trata de un sitio muy especial, sobre todo por su belleza estética.

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Relatos de un Viajero: El fascinante Templo Blanco de Chiang Rai, en el norte de Tailandia
Foto 1/1    El imponente Templo Blanco, en el norte de Tailandia, atrae a millones de turistas.

Por Pablo González

pablogonzalez@diarioelnorte.com.ar


En un extraordinario viaje que realicé recientemente, tuve la oportunidad de visitar Tailandia. Un país pequeño en territorio, pero que sorprende por su diversidad. En su capital Bangkok y en el norte, uno se encuentra con toda la filosofía budista, mientras que en la sureña Pukhet hay playas paradisíacas donde se han filmado varias películas famosas.

Viajamos en familia, como siempre, y a pocos kilómetros de Chiang Rai nos encontramos con el famoso Templo Blanco, una de las grandes atracciones turísticas que tiene el norte de Tailandia. Llamado oficialmente Wat Rong Khun, este templo de estilo budista que mezcla también elementos del hinduismo y de la cultura pop, es más conocido como Templo Blanco por razones obvias: su color. Todo es blanco, por dentro y por fuera. 


La obra


Se trata de una obra del artista plástico y diseñador local Chalermchai Kositpipat, quien comenzó el proyecto por su cuenta y riesgo en 1997. Desde el primer momento el templo fue muy polémico y criticado por el gobierno, monjes budistas e importantes personalidades tailandesas, quienes consideraban que aquello no era arte tailandés. 

Sin embargo, y pese a no estar aún finalizado al 100%, el éxito del Templo Blanco es innegable dada la cantidad de turistas que atrae cada año (cerca de 1 millón). En muchas guías de Tailandia, de hecho, ya es la imagen de portada.


Su pureza


¿Por qué es de color blanco? La razón va más allá de una simple cuestión estética, ya que el artista quería que el templo blanco fuera un emblema de la iluminación. Además, con los mosaicos haciendo efecto espejo pretendía transmitir la idea de que la sabiduría de Buda brilla en todo el universo. Pero la cosmología budista no es ni mucho menos la única protagonista en las estatuas y murales. 

Y ahí viene lo sorprendente: en los alrededores y en el interior del Templo Blanco nos podemos encontrar desde referencias a películas como Matrix, Harry Potter, Superman o Kung Fu Panda hasta alusiones a hechos históricos contemporáneos (la caída de las Torres Gemelas) y retratos de personajes como Bush, Michael Jackson o Bin Laden.


La visita


Desde Chiang Rai, que fue nuestra primera base en el norte de Tailandia, nos trasladamos hasta Chiang Mai. En el trayecto hicimos escala en este Templo Blanco. Se trata, sin dudas, del más impresionante y extraño templo que he visto. Es uno de esos lugares que, por mucho que se hayan observado en fotos, no decepciona. Uno se pasaría horas retratando el conjunto y todos sus detalles: cabezas de demonio colgando, manos que se alzan desde pozos infernales, grotescos rostros esculpidos en mármol, etc. 

Desde luego, tampoco resulta  indiferente la ecléctica mezcla de detalles típicos de la cultura budista, con elementos tan “frikis” como las pinturas en las que aparece “Hello Kitty” o los gigantescos monstruos que custodian la entrada al templo.

Aunque la colección de figuras extrañas y la presencia de elementos de la cultura popular puedan parecer gratuitos y confundir un poco, según el artista hay un claro simbolismo detrás de todo. Por ejemplo, para llegar al Templo Blanco, ubicado en el centro del conjunto, hay que atravesar un puente rodeado por manos que se alzan hacia ti desde los infiernos como alegoría de la tentación, la codicia, la vanidad y otros pecados. 

Una vez superada esta parte aparecen dos figuras que representan a la muerte y a la deidad Rahu, quienes juzgan si somos merecedores de llegar al templo en el que nos espera la iluminación de Buda. En los interiores no se pueden hacer fotos, así que lo que hay puertas adentro solo se puede retratar con tus propios ojos.

Esa impresión en mis ojos, es justamente la que sigue alimentando las imágenes que dan vueltas en mi cabeza, y que me transportan a Tailandia cada vez que recuerdo dicha visita.