Diario El Norte

Editorial

Una pausa necesaria, para una reforma laboral que la Argentina necesita

10 Enero 2018 (01:40)

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Ante la falta de apoyo de la CGT y el escenario tenso que dejó en el Congreso el ajuste de la movilidad jubilatoria, el Gobierno decidió enfriar finalmente la reforma laboral que en un momento buscaba empujar entre febrero y marzo. El proyecto ya ingresó al Senado, Mauricio Macri lo incluyó en el temario para las sesiones extraordinarias y en la Casa Rosada venían trabajando para conseguir el aval de al menos buena parte de los dirigentes gremiales. Pero ahora los funcionarios llevan las negociaciones a otro ritmo, ya sin forzar los tiempos para evitar el riesgo de un paso en falso y jornadas violentas como con la reforma previsional.

 “Debería haber un nivel de consenso explícito de los sindicatos mayor al que tenemos. Eso no está y sería una condición necesaria pero tampoco suficiente para aprobar la ley”, dijo extraoficialmente un funcionario involucrado en las negociaciones del Gobierno para avanzar con el proyecto que en un principio cosechó fuertes críticas de la CGT y luego fue modificado antes de ingresar al Congreso, aunque nunca contó con el aval decidido de los gremios. Recordemos, que Miguel Pichetto (jefe del bloque peronista en el Senado -clave para allanar el tratamiento-) había exigido que los referentes sindicales defendieran el proyecto en el Congreso luego de que Pablo Moyano remitiera a la “Banelco” para bombardear la iniciativa.

A su vez, el apoyo de la CGT como necesario pero no suficiente en la mirada del Gobierno, fue atribuido a la tensión en la que quedaron los actores en el Congreso luego de las jornadas de violencia dentro y fuera del recinto durante la discusión por la reforma provisional. También perdió chances la alternativa de impulsar una parte de la reforma y dejar los puntos más controvertidos para más adelante.

La decisión del ejecutivo, como quedó dicho, tiene su origen en los días agitados que se vivieron en diciembre pasado. Como la reforma laboral podía generar un clima similar o incluso peor, decidió sacar el pie del acelerador. Desde el punto de vista político es una decisión acertada. Siempre hemos considerado –y así lo expresamos anteriormente- que los grandes proyectos deben ser debatidos el tiempo que sea necesario, buscando los máximos consensos posibles.

Lo que ocurrió con la reforma provisional fue un error, del que se tomó nota en la casa rosada. Apurados por la necesidad de contar con los 100 mil millones de pesos extras para darle viabilidad al pacto fiscal firmado con Gobernadores, se impulsó una iniciativa que tenía una resistencia ostensible de buena parte de la oposición y gran parte de la sociedad. Las consecuencias estuvieron a la vista: la ley se aprobó, pero pagando un costo político muy alto.

Ahora se ha elegido otro camino, más pausado, nos parece acertado. Sin embargo, dicho esto debemos hacer una advertencia: este sin prisa no debe llevarnos a un estancamiento del cuadro de situación. En la Argentina se impone una reforma laboral, porque están vigentes leyes obsoletas que nada tienen que ver con la economía y con el mundo de trabajo actual. Que este tiempo prudente que se toman para analizar la problemática, no se convierta en un eterno cajoneo de la iniciativa.

Los argentinos ya tenemos varios ejemplos de proyectos que nacieron con mucha fuerza, luego se derritieron al calor de los debates y de la tensión social. Estos meses de pausa deberán servir para sacar la mejor ley posible, para evitar episodios que nunca más queremos vivir en el país.