Diario El Norte

Editorial

Una medida peligrosa, que no ayuda a consolidar la reactivación económica

14 Noviembre 2017 (23:38)

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Las crónicas periodísticas consignan que en la conducción económica y en el "ala política" del Gobierno, no cayó nada bien que Federico Sturzenegger decidiera subir (una vez más) la tasa de referencia. Fueron dos puntos y medio en apenas un par de semanas, de modo tal que el tipo de interés escaló hasta un impactante 28,75% anual.

La preocupación pasa porque la estrategia de Sturzenegger atenta contra el ritmo de recuperación de la actividad. Para peor, tomó esa decisión justo en momentos en que los principales indicadores muestran una reactivación, incluido el del consumo masivo, que venía postergada.

Como contrapartida, la cúpula del Banco Central argumenta que haber elevado el costo del dinero (a su mayor escalón en 15 meses) responde a la reticencia de la inflación a bajar a los niveles apuntados por el Central. Si bien hay una invitación a que efectúen desembolsos de largo plazo en la economía real, lo cierto es que muchos financistas ven una contradicción entre ese convite y una tasa de interés tan alta que los tienta a direccionar sus dólares hacia la "bicicleta" financiera.

Esto que en lenguaje técnico resulta indescifrable, podría traducirse: cada vez es más caro pedir un préstamo, es más rentable depositar pesos –por ejemplo- en un plazo fijo o comprar Lebacs. Es decir que se encarece ostensiblemente la posibilidad de endeudarse para producir, en contrapartida se fomenta dejar el dinero en la bicicleta financiera (en lugar de volcarlo a la producción de bienes y servicios).

El instrumento de subir las tasas de interés no es nuevo; ayuda a bajar la inflación. Pero no es la única variable a tener en cuenta en la economía. De hecho, con esta simple herramienta no se ha logrado bajarla demasiado, aún sigue por encima del 20% anual.

Según los cálculos del equipo económico, la economía podría reflejar una expansión de entre el 6% y el 7% en el corto plazo si no fuera por este baldazo de agua fría lanzado desde el Banco Central. El nivel de las tasas ya era alto, automáticamente se encareció en todos los niveles cuando el BCRA dispuso esta nueva suba. 

Por lo pronto, desde el Banco Central señalaron que la decisión de elevar nuevamente el costo del dinero respondió al hecho de haber detectado que el mercado se estaba manejando con expectativas inflacionarias muy elevadas. Concretamente, 23% para 2017 y 16% para 2018, varios puntos por encima de la meta oficial (17% y 12% respectivamente).  

Recurrir a una alta tasa de interés, para domar al índice de precios, tiene al atraso cambiario como otra de sus consecuencias adversas. Básicamente porque el constante ingreso (oferta) de dólares (para aprovechar los altos rendimientos en pesos) aplasta la cotización de la divisa estadounidense, lo que le resta competitividad a la economía.

La economía debe ser vista como algo integral, como una totalidad, esto no parece ser lo que prima actualmente en las autoridades del central. Tenemos a un superpoderoso Presidente del Banco Central (Sturzenegger) que toma las medidas monetarias, a un casi invisible Ministro de Economía (Dujovne) que apenas se queja por algunas decisiones del primero. Lo ideal es que los temas se conversen, a pesar de la saludable independencia que debe tener el Central para ejercer su función de custodia de la moneda, esta no deberá ser a costo de la actividad.

Así como están las cosas, resulta muy caro endeudarse, muy rentable poner la plata en la bicicleta financiera. Es decir que se sigue alentando la especulación, no la producción. Habíamos empezado a recorrer un camino de buen funcionamiento de la economía, esperemos que estas medidas que a primera vista parecen contraproducentes, no enfríen está buenas expectativas.