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Milo Cartey El hombre de la eterna sonrisa

16 Julio 2017 (08:30)

A sus 78 años amaga con reprocharse ser un agnóstico sobre todo cuando percibe que, a su edad, sería necesario dejar de pensar en certezas.

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Milo Cartey El hombre de la eterna sonrisa
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por Daniel Erne

Emilio “Milo” Cartey, nicoleño de pura cepa, recuerda con cariño a su madre  Catalina que tenía una fe inquebrantable en Dios y la Iglesia Católica. “Todos los días-afirma-tomaba la comunión en la Catedral y ya no le pedían ni confesión”.

Militó en el socialismo, se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires cursando todas las materias libres. Socio desde pequeño del Club de Regatas de San Nicolás fue uno de los presidentes, para la época más jóvenes.

No obstante, sin pretenderlo, fue quien  integró el  grupo que desalojó al intendente municipal de facto Fernando Huergo que había asumido el poder luego del golpe militar de 1976. Luego, a pesar de sus antecedentes socialistas llegó a ocupar la Secretaría de Gobierno durante la gestión del escribano Ondarcuhu que entregó el mando al intendente electo en 1983.

Es probable que a Emilio se lo envidié, mucho más, por haberle robado el corazón a una de las mujeres más bellas de San Nicolás: María Eugenia  Oliden la madre de sus cinco hijos.

Sin perder nunca la sonrisa, característica que lo distinguió siempre, se animó en una tarde de este mes de julio, soltar amarra a los recuerdos y compartirlos pensando que lo hacía conmigo pero en realidad, creo, que los revivía para vivenciarlos nuevamente.

Emilio nació el 6 de octubre de 1938 en lo que él recuerda como un humilde hogar formado por Walter Sigfrido Cartey y  Catalina Ramona Luciano.  “Vivíamos-asegura-en una humilde casa que alquilaba mi padre en Pellegrini 76”.  Tiene tres hermanos más Walter,  José María (Yosel) y Carlos Alberto.

Su padre fue un hombre de una gran trayectoria en nuestra ciudad.

Dedicado de lleno a la historia fue durante 51 años director de la Casa del Acuerdo. Gracias a su tenacidad se formó unas de las bibliotecas más importantes, sobre historia argentina, que es orgullo en el país.

Emilio hizo su primario en la Escuela 1 “Melchor Echague” y el secundario en el Colegio Nacional. “Las mujeres-indica-en el secundario partían para la Escuela Normal y los varones para el Nacional”. Eran tiempo en que la educación de estas dos instituciones eran de las mejores del país. Recuerda entre sus compañeros del secundario a Hugo Lima. “Con Hugo-dice-también compartimos la universidad y creo que debemos ser los abogados más antiguos que integran la matrícula en San Nicolás”.

Durante su niñez y juventud su patio de juegos era el Club de Regatas. “Mi padre nos fue haciendo socios de a uno. Era nuestro lugar de esparcimiento”. El deporte que se practicaba por antonomasia era el básquet. “En ese tiempo-asevera-el futbol no estaba muy difundido y además no estaba bien visto”.  Junto a sus hermanos

y amigos preparaban la cancha, que en ese tiempo era de polvo de ladrillos, y se pasaban las tardes disfrutando de la vida del club.

No se recuerda como gran jugador pero afirma que se defendía. “Quienes jugaban muy bien-indica-  eran mi hermano mayor Walter y especialmente Yosel que llegó a jugar en Vélez Sársfield”.

Desde joven comenzó a militar en socialismo haciendo honor a sus ancestros.

Ellos habían fundado un Centro Socialista “y-agrega Emilio- hay que tener en cuenta que el primer concejal socialista de América fue un nicoleño Agustín Reynes y justamente en el Concejo Deliberante de San Nicolás”.

Jamás comulgó con las ideas del peronismo y transitó su militancia en grupos relacionados con el socialismo y el comunismo.

Asegura que Perón no quería saber nada con los comunistas y que había dado la orden de que ninguno que simpatizara con esa idea fuera empleado público.

Ni bien se recibió de bachiller se inclinó por la abogacía. Para costearse la carrera se empleó como preceptor en el Colegio Nacional. Luego lo convocarían a prestar el servicio militar. Como aspirante a oficial de reserva estuvo en el Batallón de Ingenieros de San Nicolás. Eran épocas de sacrificio ya se encontraba cursando la carrera. ¨La hacía-rememora- libre. Recién me encontraba con el profesor cuando daba el examen”. En ese tiempo la Facultad de Abogacía de Buenos Aires tenía profesores de gran prestigio.

Mientras hacía la conscripción se le ocurrió, a consejo de un suboficial,  teniendo en cuenta que ya le quedaba el último tranco, pedir un traslado a la Capital Federal. De esa manera logró recibirse siempre con el ejemplo del sacrificio que le brindaba su padre. “Mi padre-dice-se sacrificó mucho por la familia. En determinado momento llegó a tener tres empleos”.

El amor y la familia

A los 25 años ya siendo abogado se casó con María Eugenia Oliden. “Una de las mujeres-dice orgulloso-mas hermosas de la zona”. Con la cual tuvo cinco hijos que también lo han poblado de nietos.

Me habla de su mujer y la sonrisa se le hace más inocente. Con más de cincuenta años de matrimonio repite que su mujer es la dueña de los ojos más hermosos que conoce. Sobre su casamiento rescata una anécdota que no es menor.

Su mujer María Eugenia es la descendiente de un prócer de la independencia cuyo uno de sus nietos se estableció en San Nicolás y fue un hombre de gran fortuna. Ramón Oliden- nieto de Manuel Luis de Oliden- llegó a amasar una fortuna de tanta magnitud que dejó, dentro de sus excentricidades, a su familia el vestido que utilizó la Infanta Isabel de España cuando vino a celebrar los 100 años de la independencia. “Mi mujer-señala-se casó con el mismo vestido.”

Una época difícil

A “Milo” le tocó transitar una época difícil y controvertida de la historia del país. Siendo San Nicolás el centro de la misma. Recuerda dentro de sus amistades a los hermanos

Quieto. Entre los cuales estaba Roberto que fuera integrante de Los Montoneros. “Roberto-recuerda-era un hombre muy inteligente. Estuvo hasta cuarto año en el Liceo Militar. Después terminó en el Colegio Nacional. Luego nos encontramos en la Facultad de Derecho. Éramos muy amigos. Estuve en su casamiento. También me atendía los juicios en Capital Federal”.

En determinado momento se encontró con Roberto Quieto y éste le dijo que le convenía no verlo más.

Luego tomó conciencia del camino que había elegido su amigo: el de la lucha armada. Incluso se enteró que fue Quieto el encargado de retirar el botín que solicitó Montoneros por la libertad de los hermanos Born.

Reconoce que transitó por una época difícil de nuestra historia. Eran tiempos en que la vida no valía demasiado.

Admite que nunca sufrió amenazas aunque sí recuerda quien fuera su socio en el Estudio Jurídico, el Dr. Litta, fue víctima de una atentado en la casa que ocupaba por calle Lamadrid. “Tuvo-asegura-que irse un año del país por una cuestión de seguridad”.

Sus pasiones

Una de sus grandes pasiones ha sido el Club de Regatas del cual fue presidente a los 35 años. Durante 13 años dirigió los destinos del club de la ribera. Siempre amable y dispuesto a escuchar al socio con el saludo pronto y al paso.

Justamente allí cuando transitaba su último periodo como presidente le tocó vivir un hecho que lo llevaría a ocupar un cargo importante en la municipalidad.

En ese entonces, fines de los 70, el Club Regatas estaba trabajando en el rellenado del sector de islas. Por lo cual tenían contratada una importante draga.

“En ese tiempo-asevera-llegó una resolución de la provincia de Buenos Aires donde indicaban que descentralizaban todas las dragas y se las entregaban a las municipalidades y comunas”.

Al parecer Fernando Huergo tuvo intenciones de sacárselas al club y los confrontó. “En la comisión-asegura Milo-teníamos a Héctor y Martín Aramburu que tenía un tío en funciones de Subsecretario de Justicia de la provincia de Buenos Aires. Entonces ante la negativa de Huergo en una semana la piden la renuncia”.

Esa pulseada hizo que postularan al escribano Hugo Ondarcuhu como intendente. “Me pidió-dice Milo-Hugo que lo acompañara como Secretario de Gobierno”.

Ese gabinete lo integró mayormente un grupo de hombres muy dedicados a la ciudad. Fue la época donde comenzaron las grandes obras de desagüe. Además se inició la mega obra de la avenida Savio que hasta esa fecha se inundaba con mucha facilidad.

Se fundaron una gran cantidad de escuelas. Cuando entregaron el mandato volvieron a sus rutinas con la certeza que habían tratado de hacer lo mejor para la ciudad en tiempos que no eran fáciles para el país.

La actualidad

Se da cuenta que ya no están en la Justicia los hombres que eran verdaderos estudiosos del derecho. Reconoce  en la política que el “macrismo” fue el mar menor ..”porque el kirchnerismo estaba agotado y llevo al país a una situación de crisis total. Podíamos terminar como Venezuela”.

A “Milo”, a esta altura de su vida,  se lo suele encontrar durante las tardes en su estudio. A metros de su casa, del club de sus amores y del centro de la ciudad que lo vio transitar. Siempre cerca de sus afectos.

 

 

Saber decir

 

Por Daniel Erne

 

Nadie puede dar más de lo que lo tiene. Es así que en el caso de “Milo” Cartey siempre le ofreció al mundo su bonhomía y su predisposición. Lo conozco desde que era un niño y era el presidente del Club de Regatas. Recuerdo haber sido uno de los tantos  de los que cuidó a Charigüé – uno de sus hijos- que se perdía por los rincones del club. Si algo identifica al entrevistado de hoy es su sonrisa que como proa la ha permitido pasar por los tiempos buenos y malos – somos todos mortales al fin de cuenta-.

Aprovecho esta reflexión para también con la mejor de mis sonrisas despedirme de esta sección de reportajes. He sido muy feliz escribiendo cada palabra a lo largo de un año y medio. Siempre he tratado de saber decir. Siempre digo lo que pienso y entrevisto a quien lo deseo, sobre todo en este tipo de notas. Gracias a todos los que prestaron sus vidas para contarlas. Muchas gracias.