Diario El Norte

Editorial

Una Argentina cada vez más cara, y la necesidad de tomar medidas de fondo

01 Mayo 2017 (23:07)

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No sólo viajar, alojarse y comprar tecnología en el exterior se volvió más accesible para el bolsillo de los argentinos. Con un dólar que sigue “planchado”, los turistas nacionales que en estos días recorren el mundo se sorprenden al notar que en supermercados de afuera también se venden productos de primera necesidad a precios hasta 70% menores que los de las góndolas porteñas.

 Lo llamativo es que el fenómeno, cada vez más acentuado, se percibe incluso en ciudades de Estados Unidos y Europa mundialmente famosas por su alto costo de vida. Un relevamiento internacional publicado recientemente por un medio de alcance nacional, mostró esta semana que un listado de 27 productos de consumo masivo ya cuesta en Buenos Aires un 8% más que en Nueva York, un 24% más que en París, un 63% más que en Londres y un 68% más que en Madrid. En promedio, el costo es un 50% mayor acá que en las ciudades europeas relevadas.

Se encontró que ese mismo combo de alimentos, bebidas y artículos de tocador vale en comercios argentinos $ 1.289, pero en las metrópolis del "primer mundo" analizadas puede bajar hasta los $ 767, convirtiendo los valores en cada caso según el tipo de cambio publicado por el Banco Nación.  La comparación se hizo tomando los precios de productos iguales o similares, tanto en cantidad como en calidad, tal como se ofrecen en las tiendas virtuales de las principales cadenas de supermercados de cada ciudad.

En la competencia con el exterior, la Argentina quedó como la más cara en productos de todos los rubros, aunque los casos más notorios se registraron en artículos de almacén, bebidas, congelados y procesados de carne. Es decir que en nuestra país resulta mucho más cara la vida cotidiana.

Desde este espacio editorial hemos reflexionado varias veces sobre este fenómeno, y sobre el atraso del tipo de cambio. Sin embargo, es necesario puntualizar que el fenómeno de encarecimiento en la Argentina se da no solamente por el “dólar planchado”, sino por un cúmulo de factores. Decimos esto porque algunos alocados pueden estar pensando que la única y mágica solución es devaluar, cuando no es así.

Devaluar es necesario. Podemos discutir el porcentaje, pero no la necesidad de tener un tipo de cambio más competitivo. Sin embargo, en tiempos electorales el gobierno ha caído en la misma trampa que los gobiernos anteriores: utilizar el dólar barato como ancla para atenuar el proceso inflacionario. En pocas palabras, esto significa pan para hoy y hambre para mañana.

De todas formas, no tiene ningún sentido devaluar de forma aislada, sin tomar otro tipo de medidas. La Argentina es cara porque son caros los impuestos, las tarifas, los insumos, etc., etc., etc. Todo es caro en nuestro país. Se critica a los comerciantes porque venden muy caros sus productos, pero ellos son apenas el último eslabón de la cadena. Más allá de algunos abusos que pudieran cometer determinados sectores, la realidad indica que los márgenes de ganancia se han incluso achicado.

La Argentina está cara, y debe devaluarse moneda. Pero al mismo tiempo deberán tomarse las medias necesarias para evitar que detrás de la devaluación vuelva un proceso inflacionario que inmediatamente licue los beneficios de la devaluación. De lo contrario seguiremos en un círculo vicioso cada vez más nefasto para nuestra economía.

El encarecimiento de la Argentina respecto a otras ciudades del mundo es apenas la punta del iceberg de un problema mucho más profundo. Es sólo el síntoma. Cuando ciudades como Nueva York o las principales capitales de Europa resultan más económicas que las de nuestro país, algo está funcionando mal. Esta historia ya la vivimos en los tiempos de la plata dulce (dictadura militar), la convertibilidad, y el último tramo del gobierno kirchnerista. Dichos procesos siempre terminaron mal, y  no queremos que esto ocurra nuevamente en la Argentina.