Diario El Norte

Policiales

La justicia y la DDI investigan el intento de secuestro de una niña denunciado por su madre

16 Marzo 2017 (16:32)

Tal como lo publicó EL NORTE días pasados, en el Barrio Suizo se produjo un hecho aún no esclarecido. Una madre, María Fernanda Santillán, denunció que quisieron secuestrar a su hija cuando caminaba por las calles de su barrio. La justicia tomó intervención en el caso, y ahora se investiga el hecho a través de efectivos policiales de la DDI.

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La justicia y la DDI investigan el intento de secuestro de una niña denunciado por su madre
Foto 1/1    María Isabel Santillán denunció el intento de secuestro de su hija

El caso está en jurisdicción de la Fiscalía nº 6 a cargo del Dr. Martín Mariezcurrena, quien ya le tomó declaración a María Fernanda Santillán. Esta mujer (que vive sola junto a sus hijas, ya que su marido está preso), ratificó los dichos vertidos a EL NORTE, y ahora el caso está en manos de la DDI (policía de investigaciones).

Para colmo de males, comenzaron a circular en las redes sociales informaciones sobre una banda que desde la càrcel ordena robar chicos.

A continuación, transcribimos nuevamente la nota ya publicada en EL NORTE, que conmocionó a la comunidad nicoleña:

Atardecer de un domingo calmo en Barrio Suizo. Las calles están vacías de gente y de autos. Todavía hay claridad aunque el sol ya se fue. Una joven mujer camina con sus dos hijas. Lleva en brazos a una beba y de la mano a una nena de 5 años. Van tranquilas, en esa seguridad que les da a los vecinos su barrio, el lugar que conocen y donde los conocen. Lejos está de sospechar el momento de profunda angustia que le tocaría vivir.

 Quienes son padres entenderán muy bien esta crónica. Quienes no los son podrán imaginarla. Pero la profunda sensación de angustia y desazón que se genera ante la posibilidad de perder un hijo sólo la entenderán en su justa dimensión las madres y padres.

Para ponernos en situación cabe hacer memoria. Seguramente alguna vez le ha pasado que está mirando a sus pequeños hijos jugar en la plaza, en la playa, en el club o en algún lugar determinado. En un momento una distracción y los pierde de vista. Los busca con la mirada y no aparecen. El corazón se acelera. Comienza a moverse para un lado y para el otro. Cada segundo se transforma en un siglo. Cada minuto lo va conduciendo a la desesperación. Hasta que aparecen. Se habían metido en tal o cual lugar. Ahí vuelve “el alma” al cuerpo. Y casi enojados con ellos -pero más enojados con uno mismo- viene una reprimenda que más tiene de descarga y desahogo. Esa es la profunda angustia y desazón que se produce ante la posibilidad de que un hijo desaparezca.


El caso de Barrio Moreno 


María Fernanda Santillán es una joven madre que vivió momentos de profunda angustia. “El domingo como a las siete y media de la tarde iba por Zaracondegui, la de la escuela”, comienza su relato y sigue: “Todavía no estaba tan oscuro. Yo iba sola caminando por la calle con mis dos hijas, una beba en brazos y a la nena de 5 de la mano. No había nadie. Atrás nuestro venía un auto muy despacito. A mi hija le digo que se corriera porque era raro que el auto viniera tan despacio. Y en eso nos pasa, frena de golpe, pensé que se le había roto algo, levantó el capot, sacó una soga y la manoteó a la nena”. 

Ella está sola. Nadie se ve en las casas cercanas. Parece el momento justo para intentar semejante cosa. Es un momento de profundo dramatismo. Pero aparecerá el instinto materno, esa fuerza inexplicable: “Allí empiezo el forcejeo porque yo no iba a dejar que se la llevaran (se quiebra). La tenía agarrada del bracito. El no decía nada, solamente la tiraba (llora). En una mano tenía la soga y con la otra me tironeaba la nena. Y yo tironeaba y con la bebita alzada. Empecé a gritar pero como no había nadie en la calle, no salía nadie, la tironeé y la tironeé, no la iba a soltar” (la emoción no le permite seguir hablando)”.

La resistencia sólo podía sostenerse un tiempo, pero el tiempo era necesario para ver si sucedía algo que pudiera cambiar el destino. Y ese algo ocurrió. Apareció un auto que con sus luces iluminó las sombras en las que había quedado encerrada la mujer, sus hijas y el sujeto de la soga. 

“En ese momento justo pasa un auto que doblaba por casualidad y cuando enfocó, él dio media vuelta y se fue. Todo pasó en unos segundos, no puedo calcular el tiempo que pasó. Él justo vio el auto que venía, la soltó, se subió rápido al auto, y salió a toda velocidad por Zaracondegui” todavía se percibe la emoción, el alivio de lo ocurrido trasladado en las palabras de la evocación. 

¿Pero quién era? ¿Lo conocía?  “La ropa no pude verla -confiesa María Fernanda- y agrega: 

“tenía un jean clásico, porque justo miré para abajo, y en la desesperación no pude ver nada más. Mucha gente me preguntaba si le había visto la patente, pero qué iba a mirar, si estaba desesperada. Nunca imaginé que algo así me podría pasar”.

Si pudo referirse al aspecto del sujeto:  “El hombre era bien morochito, muy alto no era, medio rellenito, medio narigoncito, la piel morocha, morocha. El auto era gris clarito, brilloso, bien nuevito, con vidrios polarizados. Tendría unos 55 años. No dijo nada, ni una palabra. Solamente se bajó y me manoteó la nena. No vi si iba alguien más en el auto. Pero la policía cuando vino a mi casa me dijo que si hubiera habido alguien más mientras yo forcejeaba con uno, me hubiesen llevado la otra. Pero andaba solo”.


¿Otros hechos? 

María Feranda sostiene: “Una chica en el Facebook escribió que el mismo auto, ese mismo día, la siguió hasta un kiosco y cuando ella salía, la quiso seguir, pero ella empezó a correr y no la pudo agarrar”.


Cuidarse 

Y habrá que estar más atentos que nunca. La joven madre advirtió: “A las mamás les digo que tomen precauciones, que tengan cuidado, porque es horrible. De noche que no salgan, aunque tampoco de día se puede salir ya. Tengan cuidado, no dejen a los chicos en la calle, no los dejen solos porque son diez segundos y puede pasar cualquier cosa. Yo quiero que se sepa porque hay muchas mamás a las que les puede pasar lo mismo que me paso a mí y no me gustaría”.

Ahora viven con miedo: “Mi hija tiene que ir al jardín y no quiere. Estamos en casa y quiere que cierre la puerta con llave, con candado. Y a mí me agarran ataques de pánico”.-