Diario El Norte

La otra tapa

Mis charlas de café con Sívori

18 Febrero 2016 (00:42)

Enrique Omar Sívori ha sido el más grande deportista que dio esta tierra nicoleña. Es considerado uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos. Ayer se cumplieron once años de su muerte.

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Mis charlas de café con Sívori
Foto 1/1    Enrique Omar Sívori: un verdadero crack con todas las letras.

Por Pablo González

pablogonzalez@diarioelnorte.com.ar

 

El 17 de febrero del año 2005 no fue un día más. Hace once años, fallecía en San Nicolás Enrique Omar Sívori, el más grande deportista que haya dado a luz nuestros pagos.

El destino quiso que en aquellos días yo estuviera de vacaciones, y no pude asistir a la despedida que todo el mundo del deporte le brindó al crack. Las crónicas reflejan presencias encumbradas, y repercusiones a nivel mundial.

No pude despedirlo en aquella oportunidad, pero puedo hacerlo ahora con el recuerdo de un periodista que lo conoció cuando el hombre ya no jugaba al fútbol. Después de deambular por el mundo entero, mostrando su magia futbolera y su conducta intachable, Enrique Omar Sívori vino a pasar sus últimos años en su ciudad natal. Primero en su campo, y luego en el departamento ubicado sobre calle Sarmiento, frente al Banco Nación.

“Chiquín” Sívori ya estaba enfermo. Padecía cáncer de páncreas, y daba la pelea. Como siempre lo hizo, mostrando sus mejores armas. El hombre iba a desayunar todas las mañanas al Café de la Plaza. Se sentaba, leía el diario, y casi siempre estaba solo. No era alguien de compartir mesas multitudinarias.

Yo también iba bastante seguido al lugar, y sólo atinaba a mirarlo. Sabía quién era, obviamente. Pero nunca había tenido trato como para saludarlo, y mucho menos para conversar. Un día entré, y cuando me estaba por sentar Sívori me hizo señas con su mano: “Venga, joven” –fueron sus palabras-. “Leo sus notas en el diario, a veces lo escucho en la radio y también lo he visto en la televisión”, me comentó. Imagínense lo que sentí: Enrique Omar Sívori me conocía.

Quien escribe esta nota es básicamente un periodista especializado en temas políticos. Y “Chiquín” Sívori era un apasionado de la política. Peronista de alma, seguía los pormenores de la actualidad nacional y local. Enrique Omar Sívori quería charlar conmigo de política, no de fútbol. Y a partir de ese entonces compartimos varias mesas de café.

Recuerdo varios de sus comentarios. “Ya no quedan peronistas verdaderos”, decía más de una vez. Y la verdad es que mucho no se equivocaba. Me confirmó, por ejemplo, que varias veces le habían propuesto ser candidato a Intendente de San Nicolás, pero él nunca quiso aceptar esa responsabilidad. Y tampoco faltaban conversaciones sobre fútbol. El partido del fin de semana, o la Selección Argentina, aparecían cada tanto en las charlas.

Nunca se me ocurrió preguntarle sobre su paso por el fútbol mundial. Me hubiera fascinado escucharlo, pero supongo que a él no le interesaba contarle a este humilde periodista sus anécdotas del fútbol. Seguramente estaba cansado de repetir siempre las mismas historias, y no querría hablar sobre eso.

Fueron charlas entre un hombre sexagenario y un periodista que por entonces casi llegaba a los 40 años de edad. Esas horas de café sirvieron para echar por tierra aquel mito de que “Sívori es un agrandado, que nunca le da bola a los nicoleños”. Conmigo fue exactamente todo lo contrario. En fin: bien dicen que nadie es profeta en su tierra.

 

Su vida

Enrique Omar Sívori había nacido el 2 de octubre de 1935 en San Nicolás de los Arroyos, y fue precisamente en estos pagos donde ya se le conoció con el sobrenombre de Chiquín, porque era un niño que se pasaba las horas de sol a sol rompiendo sus pobres y gastadas zapatillas, dándole a la pelota. Luego también tendría el legendario apodo de “Cabezón”.

Tras su paso por Teatro Municipal en la Liga Nicoleña de Fútbol, comenzó su carrera en River Plate a partir de la cuarta división y, desde el momento en que pisó Buenos Aires, comenzó a deslumbrar. Debutó en Primera División a los 17 años de edad, ante Lanús, el 4 de abril de 1954, entrando en reemplazo de Ángel Labruna, ídolo histórico del club, y anotó el quinto gol de su equipo a los 41 minutos del segundo tiempo. Jugó en total 63 partidos, convirtió 28 goles y participó en la obtención del tricampeonato de 1955, 1956 y 1957.

El 5 de mayo de 1957, contra Rosario Central, jugó su último partido en River, donde fue todo un ídolo, algo que continuó siendo en Italia, en la Juventus de Turín, a la que fue transferido por la cantidad de diez millones de pesos argentinos, récord de la época. Con el dinero recibido por su ficha, River terminó la construcción del Estadio Monumental de Buenos Aires.

En el Juve, la Vecchia Signora, alcanzó la consideración de mito al ganar tres títulos de Liga (1958, 1960 y 1961), dos Copas de Italia (1959 y 1960) y fue el máximo goleador de la Liga italiana en 1960. Marcó 134 goles en la Serie A, 24 goles en la Copa Italia y 12 goles en competencias europeas, totalizando 170 goles en la Juventus. Al obtener la doble nacionalidad, el nuevo ítalo-argentino pudo recibir el Balón de Oro como mejor jugador europeo en 1961. En 1962 vivió el duelo histórico en la Copa de Europa, del Juventus FC contra el Real Madrid de Alfredo Di Stéfano. En 1965 pasó al SSC Nápoli, en el que permaneció cuatro temporadas, convirtiéndose en todo un ídolo para la afición celeste. Es considerado uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos.

En la Selección Nacional “Argentina formó parte de la famosa delantera llamada de "Los carasucias", que se proclamó campeona de la Copa América 1957. También fue internacional con la selección italiana con la que llegó a disputar la Copa Mundial de Fútbol de 1962 en Chile. Finalmente, tuvo que retirarse en el Nápoles el 1 de diciembre de 1968 tras una lesión de rodilla.

 

El tramo final

Tras su retiro dirigió como técnico entre otros clubes a Rosario Central, River Plate, Estudiantes de La Plata, Racing, Vélez Sársfield y a la Selección Argentina en las eliminatorias para la Copa Mundial de Fútbol de 1974 en Alemania.

Falleció el 17 de febrero de 2005 en San Nicolás de los Arroyos, a la edad de 69 años. Los restos de Enrique Omar Sívori fueron inhumados en el cementerio privado Celestial de nuestra ciudad. Por exclusivo pedido de su familia, no se aceptaron ofrendas florales y el dinero correspondiente fue donado a la delegación que LALCEC posee en San Nicolás.

En marzo del año 2015, “Chiquín” Sívori recibió un justo homenaje en San Nicolás al inaugurarse el monumento que está ubicado en la Costanera. Allí estuvieron el Intendente Ismael Passaglia y el Presidente del Club River Plate, Rodolfo D’Onofrio, entre otros.