Diario El Norte

Editorial

Una reforma que debería ser consensuada, sin extorsiones ni garrotes de por medio

21 Octubre 2017 (23:34)

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A pocos días de las elecciones, la CGT envió guiños junto con algunas señales concretas de apoyo a los cambios impulsados por el Gobierno y el sector empresario para flexibilizar los convenios colectivos. El diálogo renovado refleja el reacomodamiento de buena parte del sindicalismo, con el abandono de las hostilidades y el aislamiento de quienes desoyen a los dialoguistas.

El gesto más celebrado por el establishment fue el desembarco de la cúpula sindical en el coloquio de IDEA, donde por primera vez se paseó una delegación heterogénea de gremialistas, algo impensable en los años K, en que el coloquio no gozaba del beneplácito oficial. Ahora, en cambio, ficharon representantes de las distintas alas que integran la central obrera, desde los "independientes" hasta el moyanismo. Solo pegaron el faltazo los "gordos".

En líneas generales, la comitiva de jefes gremiales rechazó un desguace de la legislación laboral, como ocurrió en Brasil, pero se mostró abierta a negociar cambios graduales. El metalúrgico Antonio Caló –por ejemplo- pronosticó que "la reforma laboral se va a dar por sectores", mientras que el líder del gremio de Obras Sanitarias, José Luis Lingeri, adelantó la posibilidad de "renunciar" a beneficios adquiridos.

La ofrenda deslizada por el sindicalismo coincide con el avance de la "modernización". A puertas cerradas se firman acuerdos que introducen criterios de productividad acordes a las necesidades de mayor productividad competitiva. Luego de los petroleros, otros sectores incorporaron novedades en una suerte de reforma laboral en dosis, silenciosa y consensuada, sin interferencia del Congreso.

Sin embargo, el cambio de postura no sólo tiene que ver con una convicción sobre la necesidad de estos cambios, sino con cuestiones más pragmáticas. La política selectiva de castigos pensada por el gobierno, contempla la intervención de gremios, la judicialización de las paritarias y la detención de sindicalistas. 

Es esta la parte de la historia que no nos parece correcta. El sindicalismo argentino necesita democratizarse por dentro, modernizarse por fuera. Pero debe hacerlo por convicción, porque es lo adecuado a los tiempos que corren. Si el cambio de actitud sólo tiene correlato con el miedo a ir presos, o con la necesidad de obtener algunos privilegios económicos, entonces será pan para hoy y hambre para mañana.

En ediciones anteriores planteamos la necesidad de que todas las partes cedan en parte a sus pretensiones, para alcanzar acuerdos que sean beneficiosos para el conjunto. Ese diálogo debe ser sincero, franco, con puja de intereses pero sin extorsiones, ni amenazas de paro por el otro o protegiendo intereses mezquinos, se debe dar el debate porque el pais lo necesita.

La Argentina, lamentablemente se ha acostumbrado a otro tipo de “diálogo”. En realidad, lo que ha regido las relaciones en el último tiempo ha sido “la ley del garrote”. Ese garrote a veces estaba de un lado, cuando terminaba el ciclo pasaba a manos del otro. Conclusión: siempre había un sector que salía “garroteado”.

De lo que se trata es de dialogar, sin garrote en la mano. Buscando puntos intermedios, consensuados, acordes a los intereses del país todo. Esperemos que haya llegado ese momento, que no estemos en presencia de una nueva simulación de “acuerdo de partes”.